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Mujeres constituyentes en América Latina: experiencias y aprendizajes compartidos

Experiencia constituyente feminista en Bolivia: María del Rosario Ricaldi 

“Sabemos que los gobiernos tienen una mentalidad patriarcal, por mucho que la Constitución tenga una Carta de Derechos para la igualdad. Esto solo va a cambiar cuando nosotras tengamos la capacidad de llegar con la propuesta en lugar de la protesta”, reflexiona María del Rosario Ricaldi A más de una década de haber participado como una de las 88 mujeres y cinco feministas constituyentes del proceso boliviano, que se desarrolló entre 2006 y 2007.

El 34,51% de las asambleístas de Bolivia fueron mujeres, es decir, 88 mujeres sobre 255 asambleístas (Oviedo, María Edit y Wexler, Berta: “Las mujeres en el proceso constituyente de Bolivia)

En esta entrevista, María del Rosario Ricaldi aborda distintos aspectos del proceso, que hemos organizado bajo subtítulos para que puedas revisar la temática que te interesa:

  1. El camino personal y colectivo a la constituyente.
  2. La agenda feminista en la constitución.
  3. Desencuentros y estrategias para encontrarse entre mujeres.
  4. Estrategias para instalar la agenda feminista y la articulación con la sociedad civil.
  5. Desafíos de una constituyente feminista en una sociedad patriarcal.
  6. Consejos para las constituyentes chilenas.

El camino personal y colectivo hacia la constituyente

¿Cuál fue tu trayectoria para llegar a ser parte de la Asamblea Constituyente de tu país como candidata del MAS?

“Mi trayectoria comienza con experiencias de trabajo muy valiosas en cercanía con la realidad indígena, como bibliotecaria de una ONG y como trabajadora de Radio Tarija, donde me relacioné con mujeres campesinas y formé a reporteras populares. Más tarde, fui parte de ECAM ONG (Equipo de Comunicación Alternativa con Mujeres), organización que nace con un proceso de comunicación para empoderamiento y fortalecimiento de la ciudadanía con mujeres. En este proyecto logramos formar a más de 500 reporteros y reporteras, haciendo comunicación para llevar a las autoridades a los barrios, para que sientan la necesidad y se comprometan in situ con su gestión en la comunidad. Todo este trabajo que se hizo en ECAM, conmigo como directora y técnica, nos llevó a la política. Terminamos posicionándonos en ella sin ninguna ambición de ser parte de algún espacio de decisión”.

En 2004, cuando comenzó a madurar la causa de la Asamblea Constituyente en Bolivia,  la Red de Coordinadora de la Mujer (de la que es parte ECAM) comenzó a gestar un proceso de preparación para el momento constituyente. “Desde ahí fuimos avanzando en este proceso de elaborar las propuestas. Fue un proceso hermoso, porque ha movilizado a las mujeres de todo el país, han participado 12 organizaciones nacionales de mujeres y también otras organizaciones de mujeres, que no están representadas dentro de ellas. Es una representatividad muy interesante la que se ha dado”, recuerda María del Rosario Ricaldi. 

Gracias a este trabajo de participación ciudadana y control social, María del Rosario se comenzó a posicionar como constituyente: “Un día recibí una llamada y me dicen: ‘hemos hecho una encuesta en Tarija sobre qué líderes mujeres podrían ser las candidatas’; esta encuesta daba como resultado tres nombres y entre ellos estaba el mio. La verdad es que ha sido la sorpresa más importante de mi vida, porque no imaginaba que podríamos llegar a ese espacio”. Entonces, el MAS -partido en el que ella no militaba- la invitó a participar en su lista de candidatos.

¿Cómo fue el proceso de preparación a la Asamblea Constituyente que se vivió en las bases, con la Red de la Coordinadora para la Mujer?

“Fue un proceso en el que participaron organizaciones de todo el país, en el que se realizaron eventos que han movilizado a más de 20 mil mujeres y a 1000 organizaciones sociales de mujeres. Desde el año 2004 se articularon cuatro redes y plataformas nacionales: una es la Coordinadora de la Mujer; otra es la AMUPEI, que era una articulación de mujeres por la equidad e igualdad (que, así como la Coordinadora, también articuló en cada departamento y tenían una plataforma nacional que las representaba); el Foro Político Nacional de Mujeres, que está conformado por mujeres de partidos políticos que tienen representación en el Congreso Nacional en este momento; y por último, la Plataforma de la Mujer, que también es otra plataforma de organizaciones que tiene representatividad nacional”. 

María del Rosario relata que estas cuatro organizaciones se articularon y comenzaron un proceso de construcción de propuestas a través de 10 equipos técnicos que se movieron por 150 municipios de Bolivia (la mitad del país), realizando 400 talleres que concluían en encuentros departamentales con mujeres indígenas, campesinas y citadinas. “Las propuestas estaban trabajadas en base a documentos que se habían elaborado previamente, donde se problematizaban temas estratégicos para la agenda de las mujeres. Las mujeres empezaban a encontrarse ahí, observando si estaban o no reflejadas en esas brechas de género”, explica. 

¿Cómo fue su participación como constituyente en términos personales? 

“En lo personal, cuando me han hecho la invitación, primero consulté a las organizaciones de mujeres con las que estábamos trabajando. Entonces hicimos esa negociación: había cuatro mujeres más que tenían que ingresar a las listas. En la elección, ganamos, fue la única vez que el MAS ganó en Tarija y así logramos entrar”. 

“Desde mis 15 años, la lucha por la igualdad, por que los pobres dejen de ser pobres, era mi lucha, mi opción de vida. Cuando tuve la reflexión feminista, se suma a esto mi lucha por las exclusiones contra mujeres, contra campesinos e indígenas. Y, casualmente, en la vida se me da la oportunidad de trabajar con esta población, que ha ido alimentando mi experiencia para llegar a la Constituyente con otras miradas”. 

“Fue una oportunidad valiosa para mí, realmente, porque habíamos luchado tiempo atrás por la ley contra la violencia y cuando se dio el proceso constituyente yo decía: ‘si tanto nos ha costado una ley, esta es nuestra oportunidad histórica, porque aquí vamos a escribir en la constitución los derechos, es nuestra oportunidad histórica de marcar el quiebre para la igualdad’. Tenía clarísimo que ese era el momento histórico para nosotras. Con esa convicción es que aceptamos y con esa convicción es que asumimos el mandato… y estuvimos entre las cinco mujeres del movimiento de mujeres y las 88 mujeres de la AC”.

La agenda feminista en la constitución: ”La que quedaba sin tierra era la mujer”

¿Cuáles eran los déficits de igualdad entre hombres y mujeres que las movilizaron? 

“Lo primero era plasmar en la Constitución un pacto que genere condiciones de igualdad, ya no solo para mujeres, sino también para los indígenas, para los campesinos, para los sectores empobrecidos. Porque cuando trabajamos las propuestas hicimos la lectura desde los sistemas de opresión. Decíamos: ‘necesitamos transformar este sistema patriarcal, este sistema colonial, capitalista, confesional, centralista’, entonces, necesitamos transformar este Estado que, con todos estos sistemas, lo que había hecho era agrandar las desigualdades y someter a las mayorías a pobreza, exclusión y a no decidir en el poder. Teníamos clarísimo lo que queríamos: cambiar el estado colonial, capitalista, centralista, patriarcal, confesional y hacer un estado incluyente: a eso lo hemos llamado el Estado Plurinacional”. 

“Las brechas que identificábamos desde las mujeres, puntualmente, son: redistribución, no discriminación, paridad y alternancia en la representación. Estaban también en la discusión: el Estado Laico; reconocer los tratados, los pactos y las convenciones internacionales como norma nuestra; el derecho a la vida libre de violencia; los derechos sexuales y reproductivos; el derecho a la maternidad segura y el tema de la prueba de paternidad, para que no nos quedemos las mujeres con la responsabilidad del embarazo no planificado y ellos se liberen de la responsabilidad; la tenencia y titularidad de la tierra, porque generalmente la titularidad de la tierra estaba en el varón, si se divorciaba o se separaba quien quedaba sin tierra era la mujer; y, finalmente, la igualdad de derechos y obligaciones de los cónyuges en la familia, evidenciando la triple jornada que las mujeres viven y el trabajo del cuidado que recae sobre nosotras”. 

“En materia laboral planteamos el trabajo digno, sin discriminación y con igual salario por igual trabajo (en esos momentos se denunciaba que el salario era la mitad del salario que recibía el varón); la seguridad social durante y después del parto; la prevención, erradicación y sanción de la violencia de género; el reconocimiento del valor y del aporte económico de las mujeres en el hogar en las cuentas nacionales, porque es tan invisibilizado que cuando se da la redistribución de los recursos del Estado, el 0.0 es para nosotras, sin embargo lo que aportamos es tanto.  Luego también planteamos el uso de lenguaje no sexista y la educación con equidad de género, sin diferencia de roles y sin violencia: esa propuesta ha sido incorporada en la Constituyente”.

¿Cuál fue el aporte de las propuestas y de la Carta de Derechos del Movimiento de las Mujeres en el desarrollo de la Asamblea Constituyente ?

“El aporte fue fundamental, porque ahí estaba la prioridad de la agenda de las mujeres. Del proceso previo de construcción de propuestas teníamos un documento, que era el mandato que nos dieron las organizaciones sociales de las mujeres. Pero en el proceso constituyente, que implicó varios espacios participativos, empezamos a abrirnos más a los derechos de la madre tierra, a las consecuencias del cambio climático para las mujeres, al derecho al agua y el agua como derecho y también a otros temas, como el de la vivienda. Estos empezaron a surgir en el proceso constituyente (en el trabajo de las comisiones y en los encuentros nacionales y departamentales que se hicieron entre constituyentes) y enriquecieron la agenda a la hora de elaborar la Constitución”.

“De la protesta al mandato, una Propuesta en Construcción” es el documento que reúne las deliberaciones, discusiones y reflexiones de las mujeres bolivianas para el proceso constituyente, a partir del trabajo del proyecto “Mujeres y Asamblea Constituyente”, del que María del Rosario Ricaldi fue parte. Fue publicado el año 2006.

¿Cómo fue el modelo de trabajo de la agenda de mujeres en la Asamblea Constituyente?

“Nosotras hemos tenido una estrategia que ha sido muy valiosa para garantizar los resultados de este proceso. En cuanto al trabajo interno, la Coordinadora de la Mujer, con estas plataformas, dotaron a la Asamblea Constituyente de una oficina que ubicaron frente a la oficina donde sesionaba la Asamblea, es decir, cruzábamos al frente y ahí teníamos una oficina chiquitita con computadora, fotocopia, todo lo que necesitábamos. Ahí estaba permanentemente también un equipo técnico. Cuando nosotras estábamos trabajando y necesitábamos sí o sí datos diferenciados de género sobre algún tema las llamábamos, o teníamos el correo al frente, y les decíamos: ‘prepárenmelo para esta tarde’. Y ellas nos lo preparaban al tiro. Era un equipo de cuatro mujeres que estaban frente a la Asamblea, más otras colaboradoras que estaban en la Coordinadora. 

Desencuentros y estrategias para encontrarse mujeres: ”A partir de las exclusiones y las aspiraciones nos reencontramos”: 

¿Se produjeron desencuentros entre las mujeres que participaron en la Asamblea? 

“En el primer encuentro de asambleístas con el movimiento de mujeres hemos tenido un momento duro, muy duro, casi de quiebre: fue el encuentro entre mujeres constituyentes y campesinas e indígenas que no habían tenido antes relación con las feministas o con el movimiento de mujeres. La reacción de muchas de las 88 constituyentes, cuando nos han visto a nosotras, fue: ‘nuestra guerra no es contra los hombres’, porque, como te digo, solo cinco de las 88 éramos del movimiento de mujeres. A esto se suma que muchas mujeres campesinas e indígenas decían: ‘qué vienen estas caras (forma de denominar despectivamente a las mujeres blancas, no indígenas)’, porque a nosotras nos veían como caras, aunque nunca nos preguntaron cuál era nuestro origen; bastaba con que no vistieras pollera campesina o indígena y ya había un prejuicio. Te veían como parte de la gente que las oprimió en su momento, no te veían como su aliada. Hubo impacto hasta que esas tensiones se rompieron y se reflexionó sobre el momento histórico y las exclusiones que vivíamos, y a partir de ese reconocimiento de las exclusiones, de las violaciones a nuestros derechos, de las aspiraciones que teníamos sobre el nuevo Estado que queríamos construir, nos re-encontramos”. 

Por otro lado, relata María del Rosario, en la Asamblea Constituyente no estuvieron todas las feministas, ya que algunas no reconocían este proceso constituyente: “y, por clase o por posición política, se han autoexcluido, yo diría, porque políticamente no se identificaban con el gobierno. Ahí seguramente había un conflicto de clase y al final no se sumaron a esta lucha. Y las otras feministas, que sí se sumaron, encontraron en este momento un momento absolutamente histórico para hacer parte de los cambios que se iban a dar. Y ahí estuvieron para decirles a las compañeras indígenas y campesinas que la opresión la vivimos todas, y que era necesario encontrarnos para marcar juntas este hito”.

Muchas técnicas se utilizaron para bajar las tensiones y reconocerse entre mujeres. María del Rosario reconoce el rol de las constituyentes que provenían del movimiento de mujeres en “calmar los ánimos”: “de alguna manera, era una forma de hacer las bisagras y decirles a las compañeras: ‘la opresión no solo la viven en el campo y en los últimos rincones, se viven en las ciudades que son tal vez más pobres’, empezando así a generar los hilos que nos iban tejiendo y que iban mostrando que en esa diversidad de exclusión había mujeres de todo tipo y que necesitábamos articularnos. Ha sido un proceso de lindos encuentros, de reconocernos, de re-encontrarnos, de respetarnos, de sabernos compañeras durante el año y más que duró la Constituyente”. 

¿Cuánto duró este alejamiento entre las mujeres indígenas y las feminista, y qué estrategias usaron para lograr el acercamiento? 

“Yo diría que es un proceso tan largo que sigue vigente. Hay una desconfianza histórica, de clase. Hay una desvalorización de las indígenas y las campesinas tan grande y que ha generado una desconfianza tal, que en el proceso tenemos que ir construyendo las confianzas. En la Constituyente estaba la urgencia, porque era un periodo corto de vigencia del proceso, que necesitaba que sí o sí nos pusiéramos de acuerdo. Y para esto había que tener confianzas, creando espacios, yendo a espacios donde, por ejemplo, las compañeras del Municipio de Chapare me decían: ‘tú qué sabes, tú eres abogada, citadina, qué sabes de la pobreza que se vive en el campo’. Entonces teníamos que darnos tiempos para decirles de lo personal, de lo que hemos trabajado, de lo que hemos vivido, de tal forma que ellas puedan encontrarnos compartiendo la problemática, compartiendo esa exclusión”. 

“Lamentablemente, desde ese encuentro de la exclusión nos hacemos hermanas. Y poco a poco, fuimos cambiando el trato, a meterse en espacios en los que estaban solo ellas y compartir una coca. De repente te veían en sus espacios, en sus fiestas, en sus reuniones y lograbas hablar con ellas, sentir con ellas, a veces llorar con ellas…  y te sentían parte. Por esto de ponerse a conversar hasta trasnochar, o tomarnos un traguito para no enfriarnos, de la misma botella a veces. Era una forma también de romper barreras que la cultura nos ha inculcado, ya sea por clase o por lo que fuera. Teníamos que hermanarnos”.

¿Cómo fue la relación interna con la presidenta de la Asamblea, Silvia Lazarte?

“Doña Silvia Lazarte era una campesina sindicalista de una personalidad muy fuerte, que anteponía el proyecto político de país a la agenda de igualdad de las mujeres. Ella no se abría a la agenda de las mujeres. Entonces teníamos que desarrollar una estrategia para llegar a ella y enamorarla de nuestra propuesta, mostrarle que no era lo que ella pensaba. Teníamos poco tiempo y ella tenía una salud muy deteriorada. Yo le decía a mi compañera de bancada, que era una cholita: ‘vamos a verla a doña Silvia, vamos a verla’, y charlábamos. Así la he conocido más y hemos hecho una amistad muy bonita, muy respetuosa”. 

“‘Yo no voy a permitir que maten a ninguna guagua’, decía. Una posición muy radical. Así que generamos, poco a poco, estos espacios íntimos, fuimos contándole testimonios de mujeres campesinas que habían llegado en situación de aborto y que necesitaban ser atendidas, por qué habían llegado así y qué oportunidades teníamos ahora, por qué era importante trabajar este tema de los derechos sexuales: ‘no vamos a poner ‘sí aborto’ en la Constitución, porque este no es el tiempo, porque no hay condiciones, teníamos una barrera de entrada, pero los derechos sexuales y reproductivos sí los tenemos que aprobar, porque si no aprobamos eso, van a seguir muriéndose… y las que más se mueren son las mujeres campesinas, son las indígenas que llegan en estas condiciones’. Había que trabajar el terreno en muchos espacios: a veces en su lecho de enferma, a veces tomando un café en su oficina… era un trabajo muy de cuerpo a cuerpo, porque ella estaba en el espacio más poderoso de la Asamblea y podía ser una barrera muy grande. Entonces ahí nos turnábamos con otras constituyentes que también eran del movimiento para hablar con la hermana Silvia. Así había que preparar el terreno, algo importante a tener en cuenta: a veces por concentrarnos en trabajar la propuesta, nos olvidamos de trabajar el terreno para que arriba, a la hora de las decisiones, no tengamos obstáculos”.

“También fue clave identificar a hombres aliados, que tengan la documentación, que tengan los respaldos, que tengan toda la información que puedan llegar a otros hombres que estén en situación de poder y que no se constituyan en barreras”.

¿Cómo trabajaron con las mujeres del movimiento que pertenecían a la derecha? 

“Nosotras como constituyentes del MAS no coordinamos con ellas directamente, sino que lo hacían las técnicas. Cuando teníamos que aprobar algún tema, de repente estábamos al lado de ellas abogando por la agenda, diciendo que este tema nos golpea, no importa si se es de izquierda o derecha, entonces todas vamos por una constitución y una vida libre de violencia; el tema del aborto nos afecta, entonces todas vamos por el derecho a la vida y los derechos sexuales: ahí teníamos una alianza importante, pero no sólo en ese tema. Ana María Ruiz era una constituyente de la Comisión de Tierra y Territorio que pertenecía de un partido opositor al MAS. El presidente de esta Comisión, Carlos Romero, nos decía que si no hubiese sido por la intervención de ella para el derecho a la titularidad de la tierra de las mujeres, el derecho de los pueblos indígenas de las mujeres sobre el territorio no estarían como están en la Constitución. Ella quebró y la llamaron traidora, pero en su momento tomó una posición política más allá de su partido, decidió ser coherente contra las exclusiones. Y en esa coherencia, tomó una posición personal: ella fue una de las mujeres de oposición que apostó por el Estado plurinacional”. 

Estrategias para instalar la agenda feminista y la articulación con la sociedad civil

¿Cómo se daba, en términos estratégicos, esta coordinación de roles para reforzar las demandas del movimiento de mujeres?

“Las técnicas que estaban en la oficina del frente de la Asamblea sabían qué comisiones estaban sesionando y qué temas. Cuando en una comisión iban a tratar el derecho a la vida, por ejemplo, yo gestionaba ser adscrita a esa comisión. Entonces las compañeras del movimiento de mujeres bajábamos de nuestras comisiones para ser adscritas y reforzar en otra comisión, porque como adscritas podíamos tomar la palabra y ayudar a marcar tendencia. Esta estrategia también es válida… para que ustedes vean cómo, como abejitas, fuimos a la comisión que estaba más débil o que necesitaba ser reforzada. Para eso, el equipo técnico nos ayudaba, para estar pendientes de las agendas de cada comisión y reforzar, dependiendo de la posición que necesitaba más apoyo”. 

“De repente nos alertaban de que el presidente de la comisión ha movido la fecha para desmovilizarnos. En ese momento, teníamos que reaccionar y salir. Ellas también veían cuando iban a ser los debates más fuertes. Entonces organizaban encuentros nacionales con las mujeres movilizadas, bajaban en marcha y entraban a la Asamblea en marcha o  también pedían audiencia en las comisiones. Algunas se quedaban a hacer seguimiento y hacían su agenda de medios y nos llamaban para que les informemos en qué estaban las cosas, era toda una estrategia integral de comunicación muy movilizada, muy vigilantes”. 

Además del aborto ¿existió algún otro tópico dificil de trabajar en el proceso constituyente?

“Los derechos sexuales y reproductivos también era algo que no se quería aprobar. Pero se hicieron muchos eventos, audiencias, gente que trabaja el tema que ha ido a exponer. Toda la mañana los constituyentes recibíamos audiencias y en las tardes trabajábamos en la Comisión. Creo que también es una forma interesante de incidir en cada comisión: organizarse como grupo y pedir audiencias para incidir desde diferentes frentes o identidades sobre un tema de interés”. 

“Otro tema que también fue controversial fue el derecho a vivir la vida sin violencia. Los hombres no querían que se explicite así; decían: ‘ya dice derecho a la vida, ¿para qué quieren que diga libre de violencia?’. Entonces ahí trabajamos con varios compañeros del MAS, porque nuestra barrera eran nuestros propios compañeros; entonces, ahí planteamos: ‘tiene que decir vida libre de violencia, porque no es vida vivir cada día con alguien que te está taladrando la vida mañana, tarde y noche, psicológica, física y sexualmente. Si quieres derecho a la vida y a vivir bien, como es nuestro sueño para Bolivia, entonces tienes que explicitarlo, porque 8 de cada 10 mujeres estamos viviendo violencia. Ellos tienen que saber que no tienen que violentarnos y la única forma es que haya un mandato constitucional para cambiar esta cultura’. Me acuerdo que el día que aprobamos este tema nuestros compañeros decían: ‘muéstrame en qué países está el derecho a la vida libre de violencia’. En ese momento corrimos al equipo de técnicas: ‘pasennos legislación comparada, lo necesitamos para esta tarde a las 3’. Y en la tarde a las 3 nos dieron legislación comparada. Pero a la vez los invitábamos a almorzar y empezábamos a contarles testimonios, les decíamos: ‘necesitamos vivir sin violencia, es la oportunidad de proteger a tu hija de que no la maten’, y empezábamos a dar los casos de feminicidio con estadísticas, con testimonios. Les decíamos: ‘Mañana va a salir que tal constituyente ha frenado estas cosas. Vos sos el único responsable de sembrar la Constitución’. Era una forma de manipular: todo hemos usado para lograr que los compañeros nos ayuden”. 

“Lo lindo en el caso del MAS es que teníamos mayoría, aunque no 2⁄3, entonces era clave que hubiera consenso sobre un tema dentro de la bancada para llegar al pleno. Teníamos compañeros de muy avanzada, izquierdistas y todo, pero re machistas. Nosotros teníamos que hacerle a la prensa aliada peticiones de entrevista para que les preguntaran de tal forma que digan algo que les haga morder su propia palabra, de forma que los comprometas para que en el plenario te apoyen. Necesitábamos encontrar formas”. 

Desafíos de las mujeres constituyentes en una sociedad patriarcal

En tu experiencia, sumando también la experiencia de otras mujeres, ¿qué desafíos tuvieron que enfrentar en relación a los roles patriarcales propios de la política tradicional?

“Fue una experiencia de un valor incalculable, histórica. Es un privilegio como ciudadana estar en ese espacio, yo sentía que era una oportunidad de aportar en un nuevo pacto. Pero en el caso de Bolivia, en el primer pacto que nos dábamos de forma participativa, donde la gente desde su necesidad, y no un constitucionalista, escribía la constitución. Entonces tenía un valor muy particular, porque además estábamos asumiendo este reto en el contexto de un gobierno campesino, indígena, con una oferta clara de cambiar el país en pro de ese pueblo excluido y en contra de los que han estado siempre en el privilegio del poder. Aquí no podías estar al medio, sabías por quién estabas tomando partido, era parte de una justicia histórica por la que tenías que apostar. ‘Puede costarnos la vida’, decíamos en algún momento. Cuando estábamos en el liceo aprobando la nueva Constitución sentíamos que podían hasta llegar a quemarnos ahí, había riesgos. Pero era nuestra apuesta por este proyecto y, si hay que dar la vida, hay que darla, pero teníamos que lograr que esta Constitución se sembrara en el país, porque somos la mayoría y es la minoría la que se resiste a ese cambio, somos la mayoría y por lo tanto este es el modelo de país que queremos”. 

“Hubo diferentes escenarios de confrontación. Por ejemplo, la gente que se resistía al cambio nos acosaba, acosaba a nuestras familias. En el colegio mi hija ha sufrido un montón de insultos por ese racismo, ese clasismo, esa discriminación;  en la calle te insultaban, la gente te decía: ‘eres la puta del Evo, eres esto y lo otro’, cosas así, desde lo personal. Estabas acosada permanentemente por mujeres y por hombres, aunque más por mujeres en esos escenarios. Y en otros escenarios, por ejemplo en los medios de comunicación, uno sentía cómo, muchas veces, los conductores tienen más preferencia por los varones que por nosotras, o en el uso del tiempo, en los temas que te consultan. Nos decían: ‘ustedes van a hablar de violencia, no de propiedad de la tierra’, y así minimizan nuestras agendas, las subvaloran. Ahí nosotros tenemos que poner nuestras agendas en el mismo nivel de cambio estructural, de Estado”. 

“La discriminación se encuentra en diferentes escenarios. Por ejemplo, en la bancada del MAS, nuestra propia bancada, las compañeras cholitas tenían la palabra y nosotras no. Teníamos que subirnos a la mesa y decir: ‘pásame la palabra’ para que nos la den. Era un espacio también de disputa: porque eres mujer cara no tenías posibilidad, pero si eras mujer campesina, sí”.

“Fuera de nuestra bancada, por ser mujer te discriminaban, no tenías posibilidad de estar en la lista de oradores en la Constituyente: ‘no, que estén él y él, tienen mejor discurso’, decían. Claro, generalmente ellos han hablado y por lo tanto tienen mejor discurso. En mi caso he tenido más oportunidades, porque yo me metía, tenía otra misión y también otro proceso que había trabajado muchos años. Pero en el caso de otras mujeres, que podrían haber tenido mucho mejor discurso, no les daban la palabra. A pesar de ser 88 y ellos muchísimos más, éramos más excluidas, teníamos que buscar estrategias para hacernos escuchar. En Chile, las mujeres están yendo a la Asamblea Constituyente en paridad y deben hacer que la palabra la den también en paridad. Todos esos espacios hay que pelearlos, porque si los que deciden tienen mentalidad patriarcal, nos subestiman”.. 

María del Rosario también recuerda la discriminación que vivieron las mujeres y las trabas para su participación política: mujeres a las que no dejaban entrar a un hotel por su indumentaria indígena, que eran insultadas al caminar por la calle por vestir sus polleras, o fueron desalojadas de sus viviendas por quienes les alquilaban.“No le voy a alquilar, quiero que me devuelva el cuarto”, les decían. 

¿Y respecto a los roles que son atribuidos a la mujer?

“El trabajo del cuidado ha sido una tragedia. Imagínate, te han elegido constituyente, sos del Valle, sos del Oriente, y tienes que cargar tu guagua (bebé) hasta Sucre (donde sesionaba la asamblea); muchas mujeres se han ido a ver en qué escuela ponen a sus hijos.  Todo ese trabajo que implicaba dejar cocinado para salir corriendo, todo ese trabajo lo han cargado las constituyentes, porque su realidad no ha cambiado por el hecho de ser constituyente y toda la carga de la triple jornada recae sobre ellas. Eso ha sido algo que no se ha previsto en la Constituyente: guarderías, lugares de protección a los chicos. El trabajo de cuidado realmente pesaba sobre la calidad del rendimiento en la Constituyente. Por ejemplo, Rosalía del Villar, Constituyente por el Alto de La Paz, tenía dos niños pequeñitos; cuando los dejaba con su marido, en La Paz, ella era 24/7, se ponía en todo, era re comprometida y re trabajadora, una referente, pero cuando le tocaba estar con los niños bajaba su disponibilidad. Eso es algo que también deberían prever: si pudiera haber un lugar de cuidado para esos chicos, va a ayudar al rendimiento y la calidad del trabajo de las mujeres constituyentes, porque es necesario”.

En ese sentido ¿existen otros aprendizajes que tú crees que puedan ser útiles para hacer funcionar una Asamblea Constituyente en términos más igualitarios?

Eso: alivianar la carga del trabajo de cuidado. Teníamos compañeras que han ido a sesionar con sus hijos que estaban en el colegio y no teníamos condiciones para prever eso. Algunas estaban con sus hijos en la Asamblea, durmiendo en el piso, porque no tenían dónde acogerlos. Alguna vez nos hemos amanecido en la Constituyente, entonces los bebés no se quedaban, había que habilitar un lugar. 

Para los hechos de violencia, establecer medidas de seguridad. Ojalá en Chile no tengan ninguna confrontación, ojalá no tengan que pasar las cosas que hemos pasado nosotros, porque en momentos en que la gente se resistía a los cambios y la oposición movilizaba a los grupos de choque, veíamos que nos faltaban medidas de seguridad para proteger a algunas personas. Había gente que estaba muy expuesta, sus lugares de vivienda estaban muy expuestos. 

Otra cosa es hacer  eventos, informar para que la gente valore la importancia histórica de este hecho en su ciudad y que sean aliados del proceso constituyente.  Por ejemplo, que los constituyentes gremiales reúnan a los gremiales y les mantengan informados; los constituyentes campesinos, que reúnan a los campesinos; nosotras al movimiento de mujeres. De tal forma que ellos conozcan de primera mano el estado de situación de la Asamblea, los temas que se están definiendo, para que también sea un proceso educativo; no toda la gente entiende lo que es una Constituyente y no toda la gente está dispuesta a movilizarse por eso. Eso a nosotros no nos funcionó porque Sucre, la sede del proceso, era una ciudad muy conservadora”.

“También el acceso a los medios de comunicación, que es tan importante.  Ese era otro campo de batalla, donde no se nos daba espacio, tenías que robarte el espacio. Cuando daban espacio, daban a los hombres. Había una periodista, Cristina Corrales, que creó un programa exclusivamente para hablar de este tema, del proceso constituyente. Ahí sí teníamos más oportunidades las mujeres de ir, ella llevaba hombre-mujer-hombre-mujer, pero creo que eso es algo que hay que comprometer y reglamentar porque nos ayuda a posicionar la agenda e incidir en la Asamblea. En el pleno de la Constituyente no teníamos mucho espacio; sin duda los medios de comunicación son muy importantes”. 

¿Qué estrategias de comunicación desarrollaron?

“En un principio hicimos una lista de medios de comunicación, identificamos a los aliados potenciales de cada medio y les dijimos con qué constituyente podían hablar para el tema que querían tratar. Regulamos para que todos puedan ir a hablar. Primero, la consigna era que teníamos que decir a través de los medios cuáles eran las propuestas que nosotras estamos trayendo como mandantes, que digamos a quienes nos debemos. Ese era el objetivo de la primera etapa de la comunicación: los mineros con su agenda, las mujeres con su agenda… Me encantaba escuchar la opinión de los indígenas en los medios cuando decían: ‘nosotros queremos autonomía indígena porque’” y le daban una cátedra de lo que es autonomía indígena a los académicos, desde la posición y la lectura que tenían ellos. Era hermoso escuchar en los medios de comunicación exponer eso, su mandato, cómo comprenden la autonomía, por qué querían la autonomía los indígenas, escuchar hablar a las mujeres de los saberes ancestrales. Vos encontrabas tanto saber, tanto conocimiento, que todo ese discurso de ‘¿qué saben ellos? son ignorantes’, quedaba chico”. 

A una década del proceso constituyente boliviano: aprendizajes para las nuevas constituyentes

¿Cuál crees que ha sido el impacto y las consecuencias de este proceso en la sociedad boliviana?

Lo primero es asumir que somos un Estado Plurinacional y  también reconocer la diversidad, porque la autoestima y el nuevo posicionamiento que tienen los pueblos originarios, los campesinos en Bolivia… es súper importante. No son más ciudadanos de segunda, a quienes van a violentar sus derechos. Esto no significa que no hay discriminación, pero ellos saben que tienen derecho. Eso creo que es algo que ha entrado hasta el fondo.

Y otra cosa que para nosotros es también un gran logro es estar en paridad. Creo que la paridad es fundamental, el hecho de que estén mujeres en espacios de toma de decisión, con quienes podamos dialogar y respaldar como organización social ante el acoso político de nuestros propios compañeros, para garantizar que la Constitución se cumpla. Sabemos que los gobiernos tienen mentalidad patriarcal, por mucho que la Constitución tenga una carta de derechos para la igualdad. Esa mentalidad patriarcal que tienen los gobiernos solo va a cambiar cuando nosotras tengamos la capacidad de no llegar con la protesta sino llegar con la propuesta. Este ejercicio de llegar a la Constituyente con datos, con todo, a nosotras nos ha llevado a hacer todo con propuesta. 

Esta es la agenda política de las mujeres, los seis ejes estratégicos para despatriarcalizar: participación política, donde queremos consolidar la paridad pero sin acoso, sin violencia, una participación política plena, apostamos por la democracia paritaria, el desmontar cultural, simbólica y materialmente el patriarcado;  la institucionalidad para esta igualdad; garantías para ejercer el derecho a vivir una vida sin violencia, que es bajar la Constitución a políticas públicas, leyes, presupuestos para la lucha contra la violencia; la autonomía sobre nuestros cuerpos; que los Derechos Sexuales y Reproductivos sean política pública; y que la ley de educación se cumpla en este tema. 

Estos seis ejes se aplican en tanto tengamos paridad en los espacios de decisión, que nos permita hacer leyes y políticas públicas. Entonces, nuestra agenda es nuestra con propuestas clarísimas, porque es lo que nos ha enseñado el proceso que tenemos que hacer. Para que esta agenda siga, las mujeres asambleístas, de derecha y de izquierda, nos apoyan, porque hemos aprendido que nuestra agenda sí nos une. A pesar de que podamos tener posiciones políticas muy diferentes en otros temas, en esto hemos logrado varias cosas en alianza. No es que haya sido mágico que nos hayamos encontrado las feministas, las campesinas y las indígenas, no. Es un proceso que se sigue construyendo.  

Consejos para las constituyentes chilenas

Para terminar, ¿qué consejo le darías a las mujeres chilenas que enfrentarán el proceso constituyente?

Creo que lo más importante es establecer un vínculo durante todo el proceso constituyente, un vínculo con sus representadas, es decir, hacer sentir a la gente que la Constituyente no está allá lejos de ellas, si no que ellas tienen fluida comunicación. En este sentido, informar los problemas  y los logros, de tal forma que la gente te respalde y sepa que tienen una persona que les representa. Que la Constitución no se quede en los constituyentes, sino que el pueblo sea constituyente, es algo que la experiencia nos ha demostrado que es posible hacer. 

Les deseo el mayor de los éxitos a las mujeres de Chile para puedan lograr una carta de derechos tan fuerte que les permita seguir avanzando, para que el pueblo chileno pueda reencontrarse al pactar lo que Chile quiere, lo que el país quiere. 

Reflexiones feministas sobre procesos constituyentes latinoamericanos: Betty Tola- Ecuador

“Cuando me preguntan a mí qué es la constituyente o cómo declaro la Constitución, yo digo que es la síntesis de esas luchas de décadas atrás, de 30 años, y la proyección de un sueño común de país”, declara Betty Tola, política ecuatoriana, ex ministra y miembro de la Asamblea Constituyente de Ecuador de 2007 y 2008, quien conversó con Im.pulsa a semanas de que su país comience un nuevo período de gobierno de la mano de Guillermo Lazzo, ex banquero y empresario conservador, electo presidente de Ecuador tras su tercer intento en los comicios.

En esta entrevista, Betty Tola aborda distintos aspectos del proceso, que hemos organizado bajo subtítulos para que puedas revisar la temática que te interesa:

  1. El camino personal y colectivo a la constituyente.
  2. La agenda feminista en la constitución.
  3. Desencuentros y estrategias para encontrarse entre mujeres.
  4. Estrategias para instalar la agenda y la articulación con la sociedad civil.
  5. La realización de la Constitución en la Política.
  6. Desafíos de una constituyente feminista en una sociedad patriarcal.
  7. Consejos para las constituyentes chilenas

El camino personal y colectivo hacia la constituyente

¿Cuál fue tu trayectoria para llegar a ser parte de la Asamblea Constituyente de tu país por el movimiento Alianza PAÍS?

“Yo vengo de militancia de izquierda. Desde los 19 o 20 años me empecé a vincular a procesos políticos de la izquierda, no a la militancia partidaria electoral, sino a la que trabajaba con procesos organizativos. Estuve muy vinculada a procesos organizativos sindicales, de hecho, como digo siempre, mi primera tarea política fue acompañar y ser parte del equipo de la escuela sindical de una de las importantes organizaciones sindicales nacionales, en mi ciudad. Luego me dediqué muchísimo a fortalecer las dinámicas campesino-indígenas de Azuay. Entonces, trabajé un montón con compañeras y compañeros del movimiento campesino”.

El año 1995 nace el Movimiento de Unidad Plurinacional Pachakutik, que participó por primera vez de un proceso electoral durante las elecciones presidenciales y parlamentarias de 1996. Junto a muchos de sus compañeros del movimiento campesino, Betty Tola se sumó a Pachakutik, fue coordinadora de este en su región y en dos períodos (1997 y 1999) fue electa como integrante del Comité Ejecutivo Nacional del movimiento Pachakutik. “Esa fue una experiencia sumamente enriquecedora e importante desde distintas perspectivas”, recuerda, “desde la perspectiva política, por ejemplo, en el sentido de recuperar la consulta, el debate, el procesamiento de las diferencias, que es propio del movimiento indígena y que a veces en la izquierda más tradicional es menos posible. Otro campo interesante fue que confluyeron la fuerza del movimiento indígena, que en ese periodo ha sido el emergente en términos sociales, el movimiento campesino, dinámicas de mujeres, ambientalistas, es decir, Pachakutik permitió una convergencia de estos procesos”. 

En ese proceso, las mujeres se reencontraron y comenzaron a trabajar tres temas internos para la organización con miras a la elección de 1999: reformaron el reglamento para garantizar la representación de mujeres en el Comité Ejecutivo y en la Dirección Nacional; incorporaron demandas de las mujeres a la propuesta programática de Pachakutik y elementos del feminismo en su base ideológica; y establecieron un espacio de articulación de mujeres, que les permitió trabajar la reglamentación, el aporte programático, y la formación entre compañeras que estaban en los espacios directivos o que ya eran electas autoridades. “Fue muy interesante pensar cómo nosotras logramos tener presencia, una fuerza al interior del movimiento, porque varias de las compañeras tenían una trayectoria fuerte en el movimiento indigena, había dirigentas indígenas de primera línea y también compañeras de primera línea que venían del movimiento de mujeres. Fue muy enriquecedor y creo que pudimos hacer un aporte significativo”, analiza Betty Tola.

¿Cómo fue su participación política en el Movimiento de Unidad Plurinacional Pachakutik?

“Cuando Pachakutik ganó las elecciones en alianza con Gutiérrez, decidimos que el compañero que en ese momento era el coordinador nacional y yo sostendríamos el movimiento y articularíamos el trabajo a nivel nacional, tanto de funcionarios y funcionarias del Estado, como de la propia estructura del movimiento. Ese fue un tiempo complejo, difícil también en términos personales porque mis hijos eran pequeños y yo prácticamente tenía que estar en Quito. Fue complejo, pero bueno, ahí salimos. Finalmente logramos con las redes familiares, con la familia, con la pareja, superar mi ausencia, que ya no era solo de dos días, sino que fue una permanencia fuera”. 

En agosto de 2003, a seis meses de iniciado el gobierno, Pachakutik rompió la alianza con el presidente Lucio Gutiérrez. Luego de eso, por múltiples razones, varios militantes del movimiento se retiraron, Betty Tola entre ellos. Entonces, en 2004, algunas mujeres (entre ellas, ex militantes de Pachakutik) comenzaron a trabajar en una articulación de mujeres, relata Betty: “Empezamos a trabajar juntando dinámicas, pensamientos, ilusiones, y así nos encontró el 2006, en ese tejer de a poco, cuando gana el ex Presidente Correa la primera vuelta” .

Según su experiencia, ¿cuáles son los hitos que marcan el proceso previo a la asamblea Constituyente ecuatoriana?

“Quizás un antecedente importante respecto de la Constituyente es el levantamiento indígena del ‘90. En ese momento hay cuatro demandas que resuenan en el país: el Estado plurinacional, ‘Ni una hacienda más’ (en exigencia del fin de las haciendas que mantenían precarizada la fuerza de trabajo indígena), una nueva democracia y una asamblea constituyente. El movimiento indígena coloca ese tema con fuerza y desde entonces estuvo latente. Cuando gana el ex Presidente Correa (en 2007) una de sus premisas fue ‘asamblea constituyente’. Ya desde que él gana la primera vuelta, nosotras decidimos articular a nivel nacional el ‘Movimiento de mujeres por la vida’, que tenía como antecedente un espacio llamado ‘Mujeres luchando por la vida’, en el que habían militado varias mujeres, yo no. Decidimos darnos la vuelta a la República, proponiendo y debatiendo con las mujeres. Fue un proceso espectacularmente lindo, porque nos fuimos de provincia en provincia conversando con las compañeras sobre qué cosas deberíamos llevar las mujeres a la Constituyente, fue muy chévere, recogimos propuestas en todos los campos, en todos”, dice Betty. Mientras conversa, tras su espalda se ve un cartel que reza “Por justicia, soberanía y equidad, vamos a la Constituyente”, un recuerdo de esos tiempos de construcción constitucional colectiva.

Rafael Correa asumió la Presidencia de Ecuador el 15 de enero de 2007 y al día siguiente convocó a una consulta popular para el 18 de marzo, con el fin de que el pueblo decidiera si deseaba una Asamblea Constituyente con “plenos poderes” para redactar una nueva Carta Magna. Diez días antes de la consulta, las mujeres del movimiento realizaron una gran reunión nacional para compartir las propuestas que habían recopilado en las provincias y construir una síntesis que les permitiera llevar sus contenidos a la futura instancia constituyente; en ella decidieron llevar una voz a la asamblea en articulación con otros sectores de la izquierda, progresistas, y plantearon que esa voz debía ser la de Betty Tola. El 30 de septiembre de 2007 fue electa asambleísta constituyente por el movimiento PAIS, que encabezaba una amplia coalición. 

La agenda feminista en la Constitución

El 7 y 8 de junio de 2007, cinco meses antes de la primera sesión de la Asamblea Constituyente e incluso antes de que se eligieran sus representantes, se organizó la “Pre-Constituyente de Mujeres del Ecuador”, un encuentro que reunió a alrededor de 300 delegadas de una amplia gama de organizaciones en Riobamba, el mismo lugar que en 1830 vio nacer la primera Constitución de la República de Ecuador, para elaborar un mandato de las mujeres que pudiera impulsarse al interior de la Asamblea Constituyente.

¿Cómo se prepararon las mujeres para llegar a la Constituyente con propuestas?

“La Pre-Constituyente es un punto clave para lo que pasó luego en Montecristi (sede de la Asamblea Constituyente) para las mujeres. Fue muy simbólico que las diversas organizaciones de mujeres del país nos encontremos en Riobamba, el corazón de la patria, donde se redactó la primera Constitución ecuatoriana. Fueron dos días de trabajo intenso. Yo siempre digo que nuestra fuerza recayó en que no llevábamos ‘lo que yo pienso’, sino que un proceso trabajado antes. Ahí logramos acordar nuestras demandas particulares, pensamos el sistema democrático, el régimen económico, pensamos el sistema de descentralización y de organización territorial del país. Y también logramos organizarnos para estar en Montecristi, una vez que se instale la Asamblea”. 

“Tengo que relevar el papel fundamental del organismo de género, el Consejo Nacional de las Mujeres (CONAMU), que propició este encuentro y luego durante Montecristi aseguró las condiciones materiales para que, por turnos, las organizaciones estemos ahí todo el tiempo: el movimiento de mujeres de este país estuvo los 8 meses de la asamblea acompañando. El CONAMU nos apoyó para publicar las propuestas, entonces en todas las mesas constituyentes nos tenían a las organizaciones de mujeres diciendo casi exactamente lo mismo, claro, a veces cada una con sus énfasis”. 

“Y una vez instalado Montecristi fue una campaña linda, porque había mucho que decir, mucho que proponer a partir de las cosas que habíamos trabajado. La dinámica que vivió Montecristi fue súper fundamental: fue una asamblea viva todos los días, desde las 7 de la mañana hasta las 11 de la noche, o sea, todo el tiempo había miles de personas con sus propuestas. Lo importante de Montecristi fue haber impactado con una expectativa popular, social, ciudadana, de modo tal que el Ecuador entero estuvo en Montecristi. Entonces, un día tenías a los jóvenes, otro día a las mujeres, otro día a los trabajadores, otro día a las juntas de agua, otro día a las cooperativas de ahorro y crédito, o sea, personalmente, para mí ha sido la más importante experiencia política personal por su riqueza, por la capacidad de interlocución con  la gente… esa ha sido mi experiencia más importante”. 

¿Cómo fue este proceso político para las mujeres y cuáles fueron sus mayores avances?

“Para las mujeres creo que fue interesante poder incidir en varios ámbitos. En materia de derechos, logramos que el catálogo de derechos que en la Constitución del 97 ya era amplio, se ratificó y se ampliaron aspectos. En el caso de las mujeres, lo que tiene que ver con el derecho a la seguridad social universal y el derecho a la seguridad para las mujeres que hacen trabajo doméstico en la casa. Ese fue un punto importante. Luego estaban los derechos a la educación, el derecho a la vida sin violencia, los derechos sexuales y reproductivos redactados de manera separada, como tiene que ser. Ese también fue otro tema que recuerdo que lo colocamos y lo planteamos. También se incorporó el tema de la paridad en la representación política, tanto en ámbito de elección como en ámbitos de designación”.  

“El otro campo que fue súper interesante de incorporar (ya había una parte de esto en la del ‘97) fue el artículo que reconoce la labor de cuidado como labor productiva, al cual se añadieron tres cosas: la responsabilidad del Estado de garantizar normas laborales acordes a las tareas de cuidado, generar infraestructura y servicios para estas tareas; la redistribución al interior del hogar de las tareas y las responsabilidades domésticas; y la ratificación de la seguridad social”.

“También logramos incorporar ahí, en confluencia con otros sectores, la definición del sistema económico como social y solidario, a diferencia del estado social de mercado, que era el régimen que estaba vigente en la Constitución anterior. Creo que en este campo, desde nuestra perspectiva de mujeres, hay un desarrollo importante en el reconocimiento de las distintas formas de trabajo, porque ahí se reconoce el trabajo que sustenta el cuidado de las personas y el acceso a recursos para la producción, para mujeres”.

“Un punto que fue muy crítico, nos costó lágrimas locas y todo, fue el tema del derecho a la decisión sobre los cuerpos. Si bien logramos que se ratifique el carácter laico del Estado, que en el artículo 3 diga que la gestión pública tiene que incorporar una ética laica, cuando llegamos a los derechos de los niños perdimos la discusión sobre el derecho a la vida desde la concepción, porque nosotras habíamos planteado el derecho a la vida digna, a la dignidad de las personas y la dignidad humana. Esa es una batalla que perdimos”. 

Estrategias para instalar la agenda y la articulación con la sociedad civil

¿Cuál fue la estrategia que utilizaron como constituyentes de Alianza PAÍS para superar los desafíos del proceso y avanzar en materia de derechos?

“En este sentido, es súper importante tener un equipo y un acuerdo colectivo para seguir cada detalle. Nosotros logramos tener un equipo de varias compañeras y compañeros para seguir cada debate en cada mesa constituyente; si no haces eso, hay cosas que se van a pasar porque, como todo espacio colectivo y político, la Asamblea es un espacio de disputas. Nosotros teníamos a veces una compañera asambleísta que estaba por el derecho a decidir y otra que decía que jamás, siendo de la misma bancada. Había mucha presión en Montecristi sobre ese tema… de las iglesias, de la derecha. Pese a que no íbamos a poner el derecho a decidir, se trataba de no poner el derecho a la vida desde la concepción. Esa era la discusión, no era el derecho a decidir, para nada, ni siquiera había condiciones de decirlo. Eso creo que se logró, como te decía, es súper importante lograr tener unos acuerdos de mayoría para incidir”. 

¿Y cómo fue la articulación entre mujeres?

“Creo que las que estábamos adentro, un buen número, sí veníamos de una militancia política, o militancia directa con los movimientos de mujeres y con demandas desde el feminismo. Sí teníamos ahí un número importante de compañeros y compañeras con los cuales acordar estas temáticas, discutir estas estrategias, qué más podíamos hacer, ver cuál eran las mejores redacciones. Este procesamiento fue súper importante al interior. Logramos compartir equipos de asesores, es decir, éramos como unos 10 o 12 con equipos comunes que trabajaban juntos, de tal manera que podíamos tener la capacidad de revisar todos los artículos que se producían en todas las mesas. Porque si uno se queda solo en esto puede perder la capacidad de incidir en el conjunto, y las  peleas que tenemos son del conjunto. Nosotros éramos de los que entrabamos a las 7 y salíamos a las 11 de la noche, vivíamos ahí en esas carpas. Entonces, claro, requiere de eso, de esa concentración, esa revisión a profundidad”. 

“Y lo segundo es el vínculo con la movilización social, porque además de retroalimentar tu trabajo, le va dando legitimidad al proceso. La consulta popular aprobó una asamblea de plenos poderes, por tanto, se diluyó el Congreso Nacional al momento en que nosotros nos instalamos, el poder legislativo éramos nosotros: constituyente y a la vez legislativo. Entonces, al ser así, nosotros tuvimos poder para emitir ‘mandatos constituyentes’. Al mes de instalados, emitimos uno de los primeros mandatos constituyentes, el que eliminó la tercerización laboral. Entonces la gente viene, debate contigo y estás dando respuestas concretas a las demandas, no hay que esperar a que se apruebe la Constitución, sino en ese momento tú emites un decreto que resuelve un problema. Creo que así vas ganando legitimidad”.  

¿Cómo explicarías el trabajo que hizo la Asamblea Constituyente en tu país, entendiendo también el escenario político que vivían en ese momento?

“Cuando me preguntan qué es la Constituyente o cómo declaro la Constitución, yo digo que es la síntesis de las luchas de décadas atrás, de 30 años, y la proyección de un sueño común de país, porque es eso… es cómo eres capaz de recoger y sintonizar con eso. No es que tú eres la persona brillante y que te salen las ideas. No. Eso sería desconocer lo vital de la sociedad que está detrás de esos procesos, que está liderando cosas. Entonces me parece que una precaución que hay que tener es cómo garantizar que esa expectativa de la gente sobre la Constitución no se diluya a los dos años”. 

“Yo creo también que hay que entender lo de la Constituyente en el contexto de expectativa que generó la presencia del gobierno del ex Presidente Correa. Ecuador venía de una década de inestabilidad brutal: nosotros tuvimos entre el ‘96 y 2005, creo, 10 presidentes. Ninguno había terminado su periodo. El Ecuador venía de un desgaste sumamente fuerte en la parte de credibilidad política, venía de una situación de deterioro profundo de las condiciones de vida, de un proceso también importante de resistencia al neoliberalismo, es decir, aquí no dejamos que se privatice la seguridad social, que se privaticen las empresas eléctricas, nos opusimos al TLC en las calles. Había una efervescencia también en ese sentido. Correa te dice: ‘vamos a hacer una revolución política, voy a convocar a una Constituyente y logra en su propuesta recoger mucho de lo que venían siendo las demandas del Ecuador”. 

“Entonces, la convocatoria a la Constituyente se constituye en una propuesta para repensar el país y todos esos sectores que venían demandando distintas cosas ven en esa propuesta y en la concreción de la Constituyente una posibilidad de incidir en esa construcción de su sueño del país. Por eso es que la gente llega a Montecristi. Se construyó un local, pero mientras se construía teníamos carpas para la comida y organizabamos los encuentros con el presidente de la Asamblea, con los de tal comisión, y así la Asamblea decidió ser una asamblea de puertas abiertas, esa es otra decisión institucional”. 

¿Cómo ocurre este diseño institucional de la Asamblea y cómo contribuye este en el desarrollo de la Constitución?

“Se diseñó que teníamos días definidos en los cuales la gente podía venir. Nosotros normalmente empezábamos a las 9:00 de la mañana, pero teníamos desayunos con la gente desde las 7:00 hrs. Adicionalmente, la Asamblea generó un conjunto de debates a nivel nacional. Entonces, cada mesa tenía debates en 7 provincias para que se pueda dar a conocer lo que estábamos haciendo. A mí se me ocurrió hacer el lunes de diálogo con la prensa en mi ciudad. Yo todos los lunes les contaba a los medios de comunicación qué estaba pasando, cuáles eran los temas centrales de discusión, por dónde estaban los nudos críticos, hacía una rendición de cuentas”. 

“Y me pasaron cosas tan chistosas, como un día que llegó un curso entero de la Facultad de Economía de una universidad a mi rendición de cuentas, al informe semanal de lo que pasaba. Fue cuando estábamos discutiendo la Ley de Equidad Tributaria. Ellos vinieron a escuchar lo que yo iba a plantear y a plantearme todas sus inquietudes. Esas cosas permitían ir conectando y es súper simbólico. A veces se ha creído que ser asambleístas es estar rodeado de asesores, rodeado de seguridad. No, somos gente común y corriente. Nuestra ropa, por ejemplo, era igualita que la de cualquier ciudadano o ciudadana. Y ahí yo creo que las mujeres sí podemos imbuir un cambio, porque no estamos acostumbradas, no hemos estado en los espacios de poder, entonces también podemos poner una impronta en la simbología, en la capacidad de hablar, la capacidad de recibir, la capacidad de re pensar las formas; el fondo, esencialmente, pero también las formas”. 

La realización de la Constitución en la Política

¿Cómo pensaron, desde la Asamblea Constituyente, el modelo de las instituciones públicas que garantizarían estos cambios? 

“Yo creo que la posibilidad de que esto que escribimos se pueda trasladar y hacer efectivo pasa por las decisiones políticas y por cuánto los que finalmente gobiernan, o las que finalmente gobiernan, están dispuestas a incluir esos cambios a favor de los derechos de las personas. Yo creo que en nuestro caso teníamos una articulación clara con lo que hacía el Ejecutivo. Y me parece que eso se pudo viabilizar: derecho a la salud, derecho a la educación, el impulso que se dio a todo lo que tiene que ver con políticas de cuidado, quizás no universales todavía, pero respecto de los niveles de precariedad que había en los servicios de desarrollo infantil, de cuidado infantil, tuvimos unos saltos gigantescos. En materia de reconocimiento y de potenciación de las cooperativas de ahorro y crédito, en materia de la redefinición de las relaciones con las empresas petroleras, en materia de política internacional, yo creo que ahí tuvimos muchas cosas positivas, porque además había una persona encargada de la coordinación entre el Ejecutivo y la Constituyente. Creo que, en ese sentido, el hecho de ser parte de una propuesta política permite que eso que estás escribiendo también pueda ser viabilizado desde el Ejecutivo. Me parece que ese es un tema de proyecto político y para mí es la posibilidad de continuidad, porque si vos escribes una linda Constitución y tienes un gobierno de derecha, obviamente, que es lo que nos ha pasado ahora, no pasa absolutamente nada, o más bien son retrocesos inconstitucionales. Esa es una primera parte de mi respuesta”. 

Después de pasar por la Asamblea Constituyente, Betty Tola fue MInistra de la Política y Ministra de Inclusión Económica y Social. Desde su experiencia en la gestión pública, cree que es fundamental apostar al diseño institucional del Estado: “La creación de SENPLADES como la entidad encargada de la planificación nacional para recuperar el carácter del Estado como garante de derechos, tal como dice el artículo primero de nuestra Constitución. De las mil instituciones que la lógica neoliberal te crea anexas a la Presidencia para que nadie sepa qué hacen, todas ellas se reorganizaron a donde corresponde y dejaron de depender de Presidencia. Se redefinió el carácter, por ejemplo, del Ministerio de Inclusión Económica y Social, que era de Bienestar Social y de carácter súper asistencialista, a uno que piense la inclusión social y económica, por poner un ejemplo. Y la otra cosa importante es que creó ministerios coordinadores. Lo sectorial, si bien es importante, en muchos campos tiene que tener articulaciones”. 

¿Cómo evalúa ese diseño institucional en la actualidad, cuando ha cambiado el gobierno? 

“El gobierno del ex Presidente Correa hizo una apuesta muy importante a la gestión institucional y viene este gobierno (del Presidente Lenin Moreno) y desbarata todo, ¡pero todo! Entonces, ¿cuál es mi lección? Mi lección viene por una falencia que ya habíamos analizado durante la gestión gubernamental y es: sí, enfocarse en lo institucional, lo estatal y lo público está bien, ¿pero qué pasa con la gente? ¿cuánto la gente se empodera, o no, de este proceso? La vitalidad constituyente no debió haberse muerto nunca, porque, al final, las personas en lo público estamos un momento y nos vamos, pero quién está siempre ahí es la sociedad. Y es la sociedad la que debería demandar, exigir todo el tiempo que esas cosas no vuelvan para atrás. Entonces, creo que si bien nos tiene que importar la institucionalidad, creo que lo más importante es resolver los temas de la gente y garantizar movilización, organización, apropiación. Eso me parece. Yo al menos lo dejo para repensar, porque tú dices: ¿cómo algo con tanta vitalidad, con tanta fuerza, se cae en tres años, en dos años? Nosotros nos encargamos en la primera fase post Asamblea Constituyente de aprobar un buen número de leyes en nuestro régimen de transición de la Constitución. Entonces tienes Constitución, tienen leyes, tienes institucionalidad, y resulta que ahora no sirve eso de nada. Por eso creo que ahí está la política, la centralidad de la política… la relación con la gente, la construcción del poder”.

Y desde los aprendizajes que tuvieron, ¿cómo piensas que podría la Constituyente ser una posibilidad de pensar instituciones que nos hagan transformar la política y vivirla de otra forma?

“Yo he reflexionado algo que hay que seguir profundizando: ¿qué pasa con la fuerza que sostiene Venezuela? Yo recuerdo que muy al inicio del proceso constituyente debatíamos respecto a la estrategia que tenía Chavez de trabajar las misiones, que eran de alguna manera paralelos a la institucionalidad. Entonces, nosotros decíamos: ‘no, hay que consolidar la institucionalidad’. Pero resulta que las misiones le permitieron llegar al corazón de la gente. Personalmente he hecho muchas reflexiones alrededor de eso, porque me parece que la gente pone esperanza y expectativa, que es la responsabilidad más grande que tienes cuando eres electo: cuando ves y miras los ojos de la gente y la gente está poniendo su esperanza entera. Porque creo que esa es la dimensión ética que hay que tener, es decir, estoy tomando una esperanza, no estoy tomando el voto, es la esperanza es la que está puesta. Entonces, esa es una responsabilidad gigante. Y es como la ética que uno tiene que asumir cuando estás en un espacio de representación”. 

“Esa esperanza se traduce en hechos concretos para la gente, porque nosotros estamos en el debate de la política, pero para la gente es su cotidianidad. Entonces, las misiones de Chávez respondían a esta demanda y otro ingrediente es que todo lo que era construcciones, por ejemplo de viviendas, se hizo con grupos. O sea, yo llego a esta comunidad y digo: ‘a ver cuántos maestros de obra hay, entonces ustedes son los que construyen’. Así generas empleo y empoderas. Entonces ahí hay un cambio significativamente importante de cómo haces la política pública. Hay que explorar esas cosas. La gente no está para estar participando todo el tiempo, no es esa la dinámica, pero si se logra convocar sus intereses específicos, ahí la cosa cambia. Me parece que hay que pensar diseños que no solo piensen en lo institucional, sino que apuesten a una dinamización y a un desarrollo de las capacidades críticas de la población, sin miedo. Porque a veces en la gestión pública te da temor de lo que la gente te pueda criticar… pero está bien que te critiquen. Verás que nuestra Constitución es extremadamente rica en temas de participación. De hecho, el artículo 1 dice que la soberanía radica en el pueblo a través de la representación y de la participación directa, pero ahí nosotros nos quedamos. Yo creo que ese es un déficit”. 

Desafíos de una constituyente feminista en una sociedad patriarcal

Reconociendo que la política es patriarcal ¿qué experiencias viviste en este sentido? ¿Cómo lo superaste y te hiciste un espacio?

“Para mí el haber estado militando antes en espacios de la izquierda no formal, no partidaria, no electoral, y luego haber estado en el Pachakutik, fue como ir forjando seguridad, conocimientos, porque también tuve la oportunidad de participar de un espacio político que no era jerárquico como otros, sino que con dinámicas más horizontales. Esto no significa que no estaban presentes las prácticas machistas, pero creo que fue un espacio más amigable, que propiciaba la presencia de la diversidad y en ese momento las mujeres estábamos presentes. Llegar a los espacios de la Constituyente significó también pelear la voz y creo que el pelear voz también fue importante, en el sentido de que la voz tenía argumentación. A mí me parece que la política tiene que ser una política de argumentos, un debate de argumentos. Eso también va construyendo, no sé si por ser mujer, sino que por el respeto y el escuchar una voz, porque era una voz con argumento, explicando, poniendo historia, poniendo datos y propuestas. Eso obviamente nos significó el calificativo de abortistas. Ahora, yo no he tenido restricción de moverme, creo que eso para mí ha sido importante, el entramado familiar, o sea, no he tenido esa restricción que sí tienen otras compañeras, de no poder ir, de tener límites”. 

¿Cómo ves tú que fue la experiencia para otras mujeres?

“Nosotras no vivimos los niveles de violencia política que ahora están viviendo muchas mujeres. Es tan doloroso ver cómo se exacerban las vidas personales de las mujeres… eso nosotras no lo vivimos. Pero sí ahora. Yo creo que conforme más mujeres estamos en la política, el disciplinamiento se expresa por esa vía, por la vía de la violencia política. Mi experiencia es ir forjando de a poco. Yo siento que para las compañeras mujeres que ingresan de una vez es complejo. Verás, yo hice un trabajo de investigación sobre la paridad y, conversando con algunas compañeras, ellas decían: ‘no, sabes que tu primera asamblea y la más importante es la familia, en vez de irte a meter en esas cosas…’. Ese tipo de cosas se presentan fuertes, que yo las viví cuando empecé en mi militancia. ‘¿En qué andarás? ¿qué estarás haciendo? ¿por qué te vas dos días, tres días?’, eso yo lo viví cuando tenía 20 años y es lo que muchas están viviendo en este momento cuando irrumpen en la participación política electoral”. 

¿Qué crees que puede ayudar a las mujeres a no restarse de la política, a pesar de los obstáculos?

“Lo colectivo. Para mí eso ha sido vital: lo colectivo es cable a tierra, es sororo, es acompañarte, es arroparte. Eso para mí es fundamental. Yo no he estado sola, eso lo puedo decir, he estado siempre con compañeras o con compañeros. Yo siempre digo que para asumir los retos en la política uno sola no es posible, porque lo político es un proceso de organización política, de proyecto político, no es la brillantez personal. Uno puede aportar en ese sentido, desde su conocimiento, desde sus destrezas, pero si no es un cobijo más colectivo, de apuesta colectiva, de sueño colectivo… me parece que ahí es donde se debilita la posibilidad de participación”. 

“Aquí nos ha pasado mucho que los partidos echan mano de mujeres que pueden haber tenido liderazgos o que son conocidas por distintas razones, pero esas mujeres llegan solas y son víctimas de la violencia política y de la demanda de la gente, que les dice: ‘¿por qué no hacen esto? ¿por qué no hacen el otro?’. Eso implica una responsabilidad partidaria, de apostar a los liderazgos femeninos así como se apuesta a los masculinos. No es que los hombres por ser hombres tienen mejores y más capacidades que nosotras, no es así, sino que hay aprendizajes que las mujeres no siempre hemos tenido. Incluso para lo que muchas compañeras viven respecto de lo que pasa al interior de sus familias, si no tienes quien te sostenga, te caes, te rompes humanamente. Entonces, me parece que esos espacios colectivos son súper importantes, llámese partido, llámese organización, llámese colectiva, como sea. Eso para la parte de sostén, pero también para la parte de la propuesta y el procesamiento de la política. Todas las compañeras se ríen cuando yo repito esta frase: ‘las grandes cosas no se escriben en singular, sino que en plural’. Uno puede contribuir a una parte, estar en un momento, pero en otros momentos están otras compañeras; ese es un sentido que se ha perdido mucho hoy en la política, pero creo que hay que recuperar”.

Es entonces un antídoto contra la soberbia…

“Totalmente. Verás, yo siempre me he hecho la reflexión cotidiana de que una tiene que ser capaz de regresar a tu casa, a tu sitio donde vives, a hacer las cosas que hacías antes que cuando eras una autoridad. Si no puedes hacer eso, es porque algo estás haciendo equivocadamente. Eso es algo que uno tiene que pensar todo el tiempo. Y creo que es también la contribución, desde el feminismo, a la ética en la política. Estamos interpelando el poder patriarcal. ¿Qué le dice el feminismo al poder patriarcal? ¿Al ejercicio del poder? ¿Qué le decimos? Esa es también una reflexión que nos corresponde hacer, porque si estamos pensando que nuestra presencia irrumpe, nuestra presencia modifica, nuestra presencia transforma… ¿desde dónde? ¿desde el fondo? ¿desde la propuesta? ¿desde la ética? ¿desde lo simbólico? Creo que es desde todo. Debemos pensar, desde esa integralidad, cómo nuestra presencia transforma el quehacer de la política”. 

Consejos para las constituyentes chilenas

¿Qué recomendación, en base a tus aprendizajes, le darías tú a las mujeres que van a ser parte del proceso constituyente en Chile? 

“Agenda, es decir, tener propuesta. Agenda, además, articulada a las expectativas de las mujeres chilenas. Creo que eso es fundamental, pero no la agenda que nos sentamos y hacemos las dos, sino que una agenda que refleja, que recoge, que se nutre. Creo que articulacion, porque al final eso se traduce en votos en la asamblea. Eso, nos guste o no nos guste, es así. Entonces, creo que articulación interna, de tal manera que permita ir construyendo consensos y acuerdos sobre distintos temas. Preocuparse de la globalidad, no solo del tema específico. La experiencia ecuatoriana es esa: las mujeres logramos incidir en la carta de derechos, pero después el resto es otra cosa. Y eso va a depender mucho de, finalmente, cómo se configura la asamblea, cuáles son las mayorías que se visualizan en la composición. No romper el vínculo con la población: eso me parece que es súper importante a lo largo de los dos años. Y asumir que tenemos mandantes en nuestra cabeza, en nuestras formas, para lo simbólico también. Nosotros obedecemos al mandante. Por tanto tenemos que buscar las formas y encontrar todos los mecanismos posibles de rendición de cuentas permanentes. Para mí la experiencia de hacer esto que te contaba de informar todos los lunes fue súper importante. Creo que eso hay que mantenerlo como actitud, porque la pregunta que deberíamos hacernos es: ¿qué pone el feminismo en otra forma de gestionar y de hacer la política, y qué significa para el feminismo la dimensión de la relación de la ética con la política? Y creo que eso debería darnos pistas”. 

Reflexiones feministas de los procesos constituyentes latinoamericanos: Gabriela Rodríguez – México

El 15 de septiembre de 2016 sesionó por primera vez la Asamblea Constituyente de la Ciudad de México en la casa Xicoténcatl, antigua sede del Senado de ese país. Su objetivo fue modificar la Constitución Política para la capital mexicana en un plazo de cuatro meses y medio. Gabriela Rodríguez fue una de las 100 diputadas y diputados que integró la Asamblea.

“Yo todavía no me la creo que logramos una Constitución tan avanzada. Y eso, pienso, tuvo que ver con que había mujeres en todos los grupos, en todas las comisiones”, dice Gabriela. Sobre lel proceso constituyente que se desarrolla en Chile, es clara: “Hay que subir a tribuna todos los temas todo el tiempo; no solamente los de las leyes, sino todo lo que esté ocurriendo”.

En esta entrevista, Gabriela Rodríguez aborda distintos aspectos del proceso, que hemos organizado bajo subtítulos para que puedas revisar la temática que te interesa:

  1. El camino personal y colectivo a la Constituyente.
  2. La agenda feminista en la constitución.
  3. Desencuentros y estrategias para encontrarse entre mujeres.
  4. Desafíos de una constituyente feminista en una sociedad patriarcal.
  5. Estrategias para instalar la agenda y la articulación con la sociedad civil.
  6. La realización de la Constitución en la política.
  7. Consejos para las constituyentes chilenas.

El camino personal y colectivo a la Constituyente

¿Cómo definiría el proceso de conformación de esta Asamblea?

“Desde la campaña fue muy complicada. La constitución se formó por 100 diputados constituyentes y por primera vez fue congreso paritario, mitad hombres y mitad mujeres, 49 hombres y 51 mujeres… en realidad 50 mujeres, porque hubo una silla vacía. Ella tenía que ser designada y nuestra bancada de Morena (el partido que conforma) estuvo en contra de la designación. Nosotros estábamos porque fueran elegidas, por lo que el que debía ser designado quedó como silla vacía. La forma en que se estructuró la Asamblea fue muy injusta y antidemocrática. Quedamos solamente 22 diputados del Partido Morena en ese momento y los otros eran designados: 12 por el presidente,  14 por el Jefe de la ciudad de la Ciudad de México, 14 por el Congreso Federal y 14 por el Senado. Tuvimos la mayoría de los votos, sin embargo, tuvimos 22 de 100 constituyentes. Ese fue el primer gran reto. Y como era una Constitución, necesitábamos 2/3 de votos para cada artículo, es decir, mayoría calificada”.

“Esto significaba que necesariamente el trabajo tenía que ser de negociación de cada uno de los artículos con las otras fracciones parlamentarias, con el PAN (el partido de la derecha), con el PRI (el partido oficial, que estaba hace dos años), el PRD y el Movimiento Ciudadano. Y además había un buen número de diputados ciudadanos sin filiación partidista. Así llegamos a integrar la Asamblea. Fue muy difícil, pero muy interesante. Yo pienso que fue un verdadero ejercicio de diálogo parlamentario por esa Constitución tan plural. Creo que en esto tuvo que ver que la mitad éramos mujeres”.

¿Cómo fue tu campaña para ser constituyente?

“Nosotras hicimos campaña con nuestros propios recursos, porque no había dinero para campaña, sólo había dinero para elegir diputadas y diputados (en el partido). Entonces hicimos un video, con nuestros propios recursos, haciendo alusión a nuestra Constitución. México tiene dos constituciones que fueron aportaciones al mundo: la de 1857, en pleno siglo XIX, imagínate que se metió ahí un Estado Laico, y luego la de 1917, que es la primera constitución del mundo que reconoce los derechos sociales y económicos, o sea, que coloca a la educación y a la salud como derechos humanos, por ejemplo. De hecho, la Declaración Universal de 1948 retoma de la Constitución Mexicana del ‘17 los derechos sociales y económicos, por ejemplo, el derecho al trabajo”. 

“Entonces nuestra campaña era así: ‘Grandes hombres hicieron la Constitución de 1857 y 1917. Grandes mujeres construirán la Constitución del 2017’. Porque en las dos anteriores eran todos hombres y esta sería la primera en que íbamos a ser la mitad mujeres”.

¿La paridad en la constituyente existía por una regulación? 

“Hubo una propuesta del Congreso Federal sobre cómo hacer la Constitución de la Ciudad de México. Iba a ser la primera, eso hay que entenderlo, iba a ser la primera vez que teníamos una constitución local, y la propuesta ya venía con paridad de género. Se propuso que fueran 100 constituyentes y que los designara el Senado, pero nosotros no estábamos de acuerdo en que no fueran elegidos democráticamente”.

La agenda feminista en la Constitución

Desde  la perspectiva social ¿qué aportes trajo el movimiento feminista para impulsar la discusión? y ¿cuales fueron las articulaciones con el movimiento feminista fuera de la constituyente?

“Obviamente, yo no era la única feminista que iba. Había importantes feministas como diputadas constituyentes. Yo recalcaría la presencia de Clara Brugada, que por cierto estuvo y está hoy en un diálogo presentando en un grupo regional de América Latina su aportación. Ella fue de las más importantes feministas y fue la Secretaria del Congreso. El presidente de la Asamblea Constituyente fue mi actual jefe: Alejandro Encinas, hoy es el Subsecretario de Derechos Humanos, Población y Migración, y la secretaria era Bregada, de nuestra fracción, quien hoy es alcaldesa de la más grande alcaldía de la Ciudad de México, que se llama Istapalapa. Yo te podría decir que ella es la que está aplicando esta Constitución ahora como alcaldesa en ese municipio, que es el más grande de América Latina. Ella es una de las más brillantes”. 

“También estuvo una académica muy conocida en México y en el mundo, por lo menos en América Latina: Marcela Lagarte, quien también fue diputada constituyente coordinando la mesa de DD.HH. Teníamos ministras muy fuertes, como la actual Secretaria de Gobernación Olga Sánchez Cordero, ex Ministra de la Suprema Corte de Justicia, quien fue también diputada constituyente. Ellas son las principales feministas que estuvieron ahí, hubo más. Ya desde la campaña nos empezaron a invitar las organizaciones feministas. Había unas que se llamaban “Las constituyentes”, era un grupo muy plural que organizaron solo para influir en la Constitución de la Ciudad de México. Me gustaba que habían muchas de sectores populares, por supuesto indígenas de sectores populares y académicas, era un poco de todo. Y ellas nos reunieron varias veces a las candidatas, y de hecho fue clave porque varias iniciativas que yo empujé venían de ese grupo”.

¿Cómo cuáles iniciativas?

“La académica experta en temas de cuidado, por ejemplo, trabajó en todas las iniciativas que llegamos a lograr en el artículo 9 de Derecho al Cuidado. Yo creo que es la única constitución de este país que tiene el derecho al cuidado. En este sentido, estoy hace un año trabajando como Secretaria de las Mujeres de la Ciudad de México y te puedo decir que la alcaldesa Clara Brugada ya está instrumentando un sistema de cuidados en Istapalapa, que, además de ser la más grande, tiene indicadores muy altos de marginación y de pobreza. Ahí ella está instalando ya un sistema de cuidados. Ese para mí es uno de los temas más emergentes en nuestra agenda feminista”. 

“Además del anterior artículo, fue también importante incluir en el artículo 8: “Se procurará la ampliación paulatina de las jornadas escolares hasta un máximo de 8 horas”. Las escuelas públicas preescolares en México tienen una jornada desde las 9:00 a las 12:00 de la mañana; y las primarias, de 9:00 a 1:30. Yo digo: ‘¿qué mujer puede tener un trabajo a tiempo completo si a las 9:00 deja al niño al preescolar y a las 12:00 tiene que ir a recogerlo?’. De esto ya hay una experiencia previa de unas 2000 escuelas en este país, que se llaman las Escuelas de Tiempo Completo, pero son pocas, porque implica darles de comer a los niños y niñas, es un tema de presupuesto. Para mí era muy importante dejar en esta Constitución que se va a intentar ampliar hasta un máximo de ocho horas la jornada y que complementen educación artística, deportiva, educación sexual, cultura, salud…. entonces eso quedó también vinculado en el derecho al cuidado”. 

Gabriela detalla los avances que fueron alcanzando, como el derecho al tiempo libre (“toda persona tiene derecho a tener tiempo libre para la convivencia, el esparcimiento, el cuidado personal, el descanso, el disfrute del ocio y a una duración razonable de sus jornadas laborales”) y los derechos sexuales y reproductivos (“derecho a decidir sobre la manera de ejercer la sexualidad libre, responsable, informada, sin discriminación con respeto a las preferencias sexuales, orientación sexual e identidad”), el derecho al aborto, a la protección de la mujer, a la reproducción asistida y a la maternidad voluntaria. “El hecho de que diga ‘derechos sexuales’. Esos son avances que dio esta Constitución en temas de derechos reproductivos son importantes. Yo espero que en Chile sí los van a agregar, porque los tomamos textuales del Consenso de Montevideo de 2013, que por cierto, Chile también firmó”, dice Gabriela.

Por cierto, en la Constitución, en su artículo 4, se establece que es transversal la perspectiva de género en toda la Constitución, y también la inclusión, la no discriminación, el interés superior de la niñez, la interculturalidad, la perspectiva etaria (o sea jóvenes, niños, niñas, jóvenes adultos y mayores) y también la sustentabilidad. Pero ahí está. Es importante que quede como una transversal la igualdad de género. Se enojaban mucho en la Asamblea porque, en cada artículo, así fuera de propiedad, de planeación urbana, metíamos igualdad de género… porque hay que meterlo”.

Desencuentros y estrategias para encontrarse entre mujeres

¿Qué dificultades encontraron en el camino para lograr este tipo de derechos?

“Las dificultades, todas. Yo te puedo decir que desde el primer día estuvieron. Por ejemplo, la fracción parlamentaria del PAN colocó el derecho a la vida en la Constitución. ¿Quién está en contra al derecho a la vida? Nadie quiere que se mate a las personas. Pero, ellos querían colocarlo para echar atrás un código penal en la Ciudad de México, que existe y que autoriza la interrupción legal del embarazo por decisión de la mujer. Para nosotros era obvio que al introducir el derecho a la vida íbamos atrás con el derecho al aborto. Te puedo decir que se subió 10 veces a tribuna el derecho a la vida y teníamos afuera del recinto -en una casa preciosa, la Casa de Jicotenca, en pleno centro-  durante cuatro meses, a los militantes pro vida gritando: “no al aborto, sí a la vida”. Todos los días allí estuvieron”.

“En este sentido, no nos metimos a hacer argumentación ética filosófica, porque nosotros queríamos ser efectivas y no permitir que entrara el artículo. Yo te puedo decir que lo más importante en la argumentación fue señalar que no podían enviar a la cárcel a las mujeres por decidir si tener o tener hijos. Y eso fue constantemente. Una semana antes de cerrar la Constitución cambiaron a un diputado del Partido Verde Ecologista de México (que es como las tres mentiras, porque ni es verde, ni es ecologista, ni es partido) y pusieron a quien fue abogado del obispo de la Ciudad de México para que fuera a defender el derecho a la vida, porque no lograban mayoría de ¾”. 

“Nosotros decíamos: ‘¿quién de ustedes está de acuerdo con que se vaya a la cárcel una mujer?’, y dábamos el perfil: mujeres indígenas, las más pobres, ellas son las únicas que están en la cárcel. Se daban todos esos datos. En este debate, una de mis compañeras en Morena, la diputada Patricia Ortiz, se paró y le dijo a este señor, quien había defendido a un arzobispo que había sido cómplice de un pederasta: ‘Usted defiende la vida, pero usted también defendió a un cómplice de pederastia, defiende a la vida pero está a a favor del abuso sexual a los niños’. Bueno, nunca más volvió ese señor a pararse en la Constitución… lo hizo pedazos”. 

Gabriela Rodríguez relata que el día antes de cerrar la Constitución, un diputado constituyente del PAN, Santiago Creel, intentó meter en un artículo transitorio el derecho a la vida. En ese momento, a ella, dice, “le salió un grito del estómago”: “sobre mi cadáver”. La sala quedó en silencio y el diputado no siguió con su discurso. Hasta la fecha a Gabriela la recuerdan por esa frase, que impidió la ofensiva final para incluir el derecho a la vida en la Constitución de la Ciudad de México. 

¿Cómo fue la articulación política con las mujeres de derecha?

“No fue fácil, pero yo les doy esa argumentación: no se metan a la ética, a la religión. A mí llegaron compañeras del Partido Acción Nacional (PAN), que son cristianas de derecha, y una se me acercó y me dijo: ‘yo no estoy a favor del aborto, pero eso que dices de que las metan a la cárcel, no me gusta’. Le respondí: ‘pues convence a tu bancada, mi reina. Si tú pones el derecho a la vida, se van a ir a la cárcel. Es lo único que te puedo decir, olvídate de tus argumentos’. ‘No, es que mi bancada lo tiene como principio’, me respondió. Entonces, esa es una recomendación que le doy a ustedes: no es necesario meterse en una argumentación ética filosófica de la vida, si no  argumentar sobre a quién le parece justo que una mujer que no está en condiciones de ser madre, que asume esa gran responsabilidad de interrumpir un embarazo y no traer un ser humano no deseado porque no tendrá condiciones de vida, que la metan a la cárcel”.

“Había muchas mujeres y hombres de posiciones muy, muy conservadoras. Y no solo del PAN, en el PRI también, es más, sólo había dos mujeres del PRI que no eran de la agenda pro vida. Con ellas tuve muy buena relación. Teníamos aliadas en el PRD, el Movimiento Ciudadano y muchos hombres a favor de la interrupción del embarazo. Toda mi fracción, los 22, todos eran progresistas. Teníamos muchos hombres y mujeres a favor de la agenda feminista”.

“Pero sí, obviamente, teníamos que negociar. Por cierto, hubiese sido mucho más avanzada esta Constitución si no hubiésemos sido una minoría. Por ejemplo, para que no fuera el derecho a la vida las reaccionarias dijeron: ‘ok, si ustedes quitan derecho a decidir sobre su cuerpo, nosotros desistimos de defender el derecho a la vida’. Y, entonces, cambiamos lo del derecho sobre su cuerpo por el termino ‘maternidad voluntaria’. Esa fue la negociación. Y no fue posible poner la palabra ‘aborto’, ni la interrupción de embarazo. Eso ni planteártelo. El otro derecho que incluimos es el derecho al desarrollo de la personalidad, que es un hecho importantísimo, es un derecho emergente y uno de los más avanzados del mundo”.

¿Cómo evalúa la influencia del trabajo de las mujeres en esta Constitución?

“Yo todavía no me la creo que logramos una Constitución tan avanzada. Y eso, pienso, tuvo que ver con que había mujeres en todos los grupos, en todas las comisiones. Estaban en la Comisión Derechos Humanos, en la Comisión Ciudad… más allá de que no todas estaban a favor del aborto, pero sí estaban de acuerdo en todo lo demás: salarios iguales, derecho al trabajo, salarios de las trabajadoras del hogar. Eso fue muy importante, porque hoy ya tienen seguro social las trabajadoras del hogar. Por ejemplo, todas las mujeres, hasta las más conservadoras, votaron por derecho al cuidado, derecho al cuidado tuvo unanimidad”. 

“Fue muy importante la alianza con las mujeres de todos las fracciones. Desde luego, teníamos políticas de mucha altura, como Clara Brugada, Berta Lujan, las ex ministras de la Suprema Corte. Ellas tienen una tremenda capacidad política, las escuchaban y respetaban todas las fracciones, porque tienen una trayectoria muy valiosa”. 

“Hay muchas cosas muy interesantes. Teníamos hartos diputados identificados como LGBTI y, aunque ya teníamos el matrimonio igualitario, se agregó el derecho de la población LGBTI a unirse bajo figura de matrimonio civil, concubinato o cualquier otra forma de unión civil. En este sentido, por primera vez en México está bajando la tasa de matrimonios y subiendo la de unión libre”. 

“Estamos tranquilas, porque no es un solo articulo el que defiende a las mujeres: tienes derechos reproductivos, derecho al desarrollo libre de la personalidad, derecho a una maternidad voluntaria. Es un conjunto de derechos, entonces, es importante que sean muchos derechos… son cuatro o cinco son sistemas, no es solo un artículo”. 

Desafíos de una constituyente feminista en una sociedad patriarcal

¿Cómo fue ser constituyente en un mundo que está dominado por hombres y que reproduce prácticas patriarcales en todas sus formas? En este camino de ser una mujer política, ¿qué obstáculos encontraste y cómo los superaste? 

“El machismo circulaba todo el tiempo en los pasillos. Era difícil hasta para que te dejaran subir a tribuna, porque le daban más entrada a los hombres de subir a tribuna. Las anécdotas en este sentido son muy grandes”. 

“La tercera semana veo a las edecanes, unas chicas muy guapas, con un estoque hasta el ombligo -estoy exagerando- y con la mini falda o los pantalones pegados, y nos llevaban y nos traían el café a los constituyentes. A mí se me ocurre levantar mi manita y decirle al presidente que me parecía que era inadecuado que a las edecanes les exigieran venir escotadas y con mini falda o con pantalones apretados. Bueno, todos se quedaron así como: ‘¿esta señora qué trae?’. En el receso me buscan dos edecanes y me dicen: ‘oiga, eso es lo de menos, nuestro jefe es un acosador sexual. No sabes las cosas eróticas que nos obliga a hacer’. Él no las había tocado, pero las traía acosadas. Se trataba del jefe administrativo del Senado”, relata Gabriela. Ella lo comentó con las abogadas de su fracción y un abogado de mucha experiencia le dijo que si no hay tocamientos es muy difícil ganar una denuncia. La estrategia fue seguir diciéndolo en la tribuna de la Asamblea y en los medios de comunicación. 

“Luego de una semana de vacaciones en el Congreso, ellas me dicen que las van a correr porque su jefe se había enterado de que me habían contado que eran víctimas de acoso sexual. Cuando supe eso, me paré en tribuna y les dije: ‘compañeras, compañeros, les quiero decir que hoy quizá sea el ultimo día en que están las compañeras edecanes, porque están amenazadas de que les van a quitar el empleo por denunciar acoso sexual de su jefe’. Yo pedí ayuda a varias senadoras para que hablaran en el Senado de esta cuestión. Para no hacerte el cuento largo, a las compañeras les cambiaron el jefe, las becaron para que ya no fueran edecanes, les dieron acceso a capacitación, las cambiaron de empleo dentro del Senado y cada año me invitan a comer porque les fue re bien. Hoy, hasta la fecha, ya no existen edecanes, ni en el Congreso ni en el Senado, como efecto de esa lucha que dimos”. 

Estrategias para instalar la agenda y la articulación con la sociedad civil

¿Cómo hiciste para mantenerte vinculada a los debates que estaba teniendo la opinión pública, sus demandas, sus intereses?

“Algo muy importante: había parlamento abierto. Sábados y domingos había reuniones con organizaciones civiles y ciudadanía, era abierto totalmente, así que, según los temas, nos sentábamos a discutir con la ciudadanía permanentemente. Nos tardamos casi dos o tres semanas en hacer el reglamento donde se propuso parlamento abierto. Entonces, había espacios especiales que nos solicitaban las organizaciones civiles afuera del recinto. No te puedes imaginar…. lo más fuerte, desde luego, fue el movimiento pro vida y el movimiento de la defensa de los animales. De hecho quedó en la Constitución el derecho de los seres sintientes. Ganaron ¡y qué bueno! El ruido era total, constante, la movilización era todo el tiempo, adentro y afuera. Nos llegaban, por supuesto, de todas las posiciones y había que tomarlas en cuenta. A veces te ayudaban, pues te llevaban iniciativas muy buenas todo el tiempo, aparte de las iniciativas que hacían los diputados. Tú no sabes la cantidad de iniciativas que había que revisar. Una vez, una iniciativa ciudadana presentó toda una constitución completa, una constitución hecha.  Así era”. 

“También hubo consulta a pueblos indígenas, porque es una obligación. Se realizó una consulta a pueblos indígenas durante el proceso, una consulta directa. Tú ves a la Ciudad de México muy metropolitana, muy urbana, pero tenemos una zona rural fuertísima, tenemos pueblos originarios, también en la zona urbana”.

Existieron también constituyentes indígenas ¿cómo fue su aporte?

“Muy importante, muy importante. Yo estaba muy cerca de ese comité y nos enterábamos de lo que estaba pasando ahí.  Había muchos temas de territorio, de tierras, planeación urbana, temas que no eran mi especialidad. Había un compañero que era subsecretario, él hablaba en Náhuatl, se subió a tribuna a hablar en Náhuatl y después seguía en español. Muy importante el trabajo de ese compañero”. 

La realización de la Constitución en la política

El camino no terminó con la aprobación de la nueva Constitución. Gabriela Rodríguez relata que la Constitución fue impugnada por la comisión de DD HH. y la Procuraduría General ante la Suprema Corte de Justicia argumentando que esa Constitución no estaba acorde a la Constitución Federal, que, desde luego, va más allá. Entonces se intentó eliminar todo el capítulo de Derechos Humanos. 

“Estuvo a punto de tirarse a la basura. Pero la Suprema Corte de Justicia defendió la Constitución y dijo que no contradecía la Constitución Federal. Habían artículos que iban más allá, pero que no la contradecía. Por eso la visión jurídica es muy importante, claro”.

Luego, ¿cómo lo trabajado ha impactado efectivamente para que se produzcan esas vidas más justas? ¿Existe algún aprendizaje luego de ver cómo han implementado?

“Es demasiado pronto para decirlo. Sí te quiero decir que, aunque era un gobierno de izquierda el que existía en la Ciudad de México, el último jefe de gobierno, el doctor Miguel Ángel Mancera, pues no empujó tanto esto. Son dos años y medio desde que ingresó una mujer por primera vez como Jefa de Gobierno elegida, la doctora Claudia Sheinbaum, o sea, tiene dos años ejerciendo esta Nueva Constitución. Es poco tiempo, sobre todo considerando que el último año fue COVID19. Pero ella jala (atrae, en México) tantísimo, jala recursos, energías”.

Consejos para las constituyentes chilenas

Para finalizar, ¿qué recomendación le harías a las mujeres que integrarán el proceso constituyente en Chile?

“Que hay que subir a tribuna todos los temas, todo el tiempo. No solamente los de las leyes, sino también todo lo que esté ocurriendo. Como lo de las edecanes, por ejemplo, o lo de los cuidados. En una oportunidad yo les dije: ‘¿quién les está cuidando a sus hijitos chiquitos? ¿quién está cuidando ahorita a sus hijos, a sus bebés, a sus nietos? ¿quién está cuidando a la persona más anciana de su casa? Les aseguro que es una mujer’. Tomar esas cosas cotidianas y llevarlas al recinto, yo siento que fueron útiles”.

“Creo que, además de toda la argumentación teórica y práctica que obviamente tenemos las feministas, hay que escuchar en los pasillos. En los pasillos -dice (Emil) Cioran- ocurren las grandes decisiones. Teníamos una periodista, por ejemplo, muy capacitada, que tenía un hijo con Síndrome de Down, y la agenda de discapacidad avanzó bastante porque ella se encargaba de que estuviera en todas partes. Si digo: ‘a estas compañeras las están acosando, o ¿a ustedes quienes le están cuidando a sus hijos?’, es porque sabemos que ahí se está viviendo el machismo, la discriminación y desigualdad. Hay que llegar por lo racional y también por lo emocional”.

La imaginación política de las mujeres latinoamericanas

Por Beatriz Della Costa 

Necesitamos hablar de imaginación política, algo que, contrario de lo que puede parecer, no tiene nada que ver con fantasías y utopías. La imaginación política es, de hecho, fundamental para construir realidades y organizar el futuro.

La buena noticia es que ha sido promovida principalmente por mujeres en toda América Latina. De eso no tengo ninguna duda, ya que, entre 2019 y 2020, hablé con mujeres de seis países de América Latina en el marco del proyecto “Electas – Mujeres en la Política” del Instituto Update, para entender cómo ellas han transformado la política, la sociedad y la democracia.

Nuestra jornada comenzó en México, donde aterrizamos justo el día en que la paridad de género (que ya se había establecido en el Parlamento) se extendió a los Tres Poderes y a todos los niveles de gobierno. En Argentina seguimos de cerca la lucha cariñosa que provocó que uno de los mayores tabúes sociales comenzara a discutirse en casa, en las calles y en las cámaras, hasta la conquista definitiva del derecho al aborto. Después, en la pionera Bolivia, encontramos leyes que garantizan la paridad y defienden a las mujeres frente a la violencia política de género. Allí quedó más claro que nunca que las medidas institucionales son el primer paso, pero el cambio sólo ocurre cuando también se superan los inmensos desafíos culturales.

Luego, en Chile, presenciamos la ebullición de un proceso de imaginación política sin precedentes. Llegamos justo cuando la performance “Un violador en tu camino”, del colectivo LASTESIS, impulsaba una movilización pacífica y creativa por los derechos de las mujeres. Hasta el día de hoy me inspira y me conmueve pensar que una coreografía con tantas verdades, tan simple y tan fuerte al mismo tiempo, haya sido capaz de llamar la atención de todo el país y del mundo, dándole aún más fuerza a las chilenas electas que luchaban por una constitución paritaria… algo que se concretó el 25 de octubre de 2020.

Y los cambios que traerá esta Asamblea Constituyente no serán sólo para Chile. Es la primera en la historia de la humanidad diseñada por el mismo número de hombres y mujeres: estamos hablando de un hito mundial. Sí, mundial, porque a partir de la experiencia de las mujeres chilenas finalmente podremos ver florecer una sociedad con igualdad de género. Más que la primera en el mundo y la primera de todos los tiempos, la asamblea igualitaria chilena será la primera de muchas 🙂 

Lo más importante es que representa no sólo un cambio político, sino también de imaginación política. Las chilenas nos dieron el poder de imaginar una constitución pensada por mujeres. Porque la novedad no está sólo en los números, está sobre todo en las ideas e ideales. El grupo que se prepara para iniciar la Asamblea Constituyente chilena está, sobre todo, armado con conciencia de género. Esto significa que no sólo serán más mujeres, serán más mujeres con perspectivas femeninas, conectadas a movimientos feministas y desbordando esa cualidad inherente a las mujeres en el poder, que es la costura de un tejido social entre la sociedad civil y el poder público. Estas son las mujeres que redactarán la Carta Magna del país.

Lo que emana de allí es imaginación política en estado puro, lista para construir un mundo nuevo. En Brasil, durante la Asamblea Nacional Constituyente de 1987-88, las legisladoras que se unieron a lo que se conoció como el lobby del lápiz labial, lograron expandir una serie de derechos civiles, económicos, laborales y legales de las mujeres, pero no se limitaron a eso. Su principal característica fue una visión de la sociedad, liderando logros como la educación universal gratuita, las políticas de protección del medio ambiente y la libre asociación sindical y profesional, entre otras causas. Y constituían sólo el 3% del grupo total. 

¿Cómo será ahora, en Chile, donde ellas serán el 50%? ¿Qué promoverán y priorizarán las mujeres al diseñar esta Constitución? ¿Será este nuevo Chile por nacer un país con paridad en los cargos públicos y con una legislación que finalmente pueda combatir la violencia política de género? ¿Qué pasará con las leyes de agricultura, medio ambiente, desarrollo económico, seguridad, vivienda? ¿Qué poder es este que veremos emerger a medida que las mujeres piensen y lleven sus experiencias para la creación de las normas que construyen la sociedad?

Las posibilidades son muchas, y siempre emocionantes.

No soy chilena, pero estoy muy conmovida por este logro de las mujeres chilenas que, después de todo, también es un logro latinoamericano. Al final, soy latina y feminista. Cada victoria de mis hermanas me da la certeza de que no hay vuelta atrás: no habrá futuro sin la participación de las mujeres, sin la imaginación de las mujeres, sin la fuerza de las mujeres.

 ¡Manos a la obra, chicas!

 

Beatriz Della Costa es directora y cofundadora del Instituto Update.