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Participación de las personas LGBTI en política: una reflexión desde lo marica

Por Ces Badillo Gutiérrez*

Parecería que ese escenario al cual nos han arrinconado se extrapola a nuestra humanidad; es decir, que los cuerpos disidentes fuésemos instrumentos ornamentales para hacer más incluyentes sus eventos y acciones. Se nos lee como listados de asistencias, como fotografías, como meros adornos, como reinas de carnaval (…) En este sentido, la participación de las personas LGBTI debe pensarse desde una perspectiva real y no ornamental.


Fotografía: Caribe Afirmativo, 2019.

Las personas LGBTI a lo largo de nuestras vidas hemos tenido que hacernos a un lado en los espacios de concertación y toma de decisión ciudadana en los diferentes entes territoriales del país, situación que se agudiza en los territorios, donde la presencia del Estado es débil y/o intermitente o donde los prejuicios contra las personas LGBTI son el diario vivir. En este sentido, para hablar de la participación de las personas LGBTI en política es necesario partir del hecho de que la participación de las personas LGBTI -en cualquiera de las esferas públicas- es reducida. Así las cosas, es necesario entender que aun cuando hoy hablemos de participación política de las personas LGBTI, dicha -incipiente- participación ha sido resultado del recorrido de personas con orientaciones sexuales, identidades y expresiones de género diversas por un pedregoso camino de exclusión, luchas, sinsabores y discriminación.

“Así, podemos decir que uno de los grandes hitos que tiene la participación política LGBTI sucede en el 2008 con la elección de Sebastián Romero, como el primer hombre gay en ser elegido a un cargo de elección popular, lo cual sienta un precedente histórico en la participación política LGBTI en el país”, dice el cuadernillo de Caribe Afirmativo, “Participación de las personas LGBTI en cargos de elección popular. Sigue: “Y es que, si bien este hecho había tenido lugar anteriormente, era la primera vez que un candidato se mostraba abiertamente gay en campaña y conseguía ganar. Este bogotano se desempeñó como edil de la localidad de Chapinero”.

El cuadernillo de Caribe Afirmativo también menciona otros hitos: 

“En segundo lugar, el Polo Democrático Alternativo se propuso como el primer partido político en Colombia en cuya directiva se creó un espacio para las personas LGBTI, creando a su vez, una estructura dentro del partido para personas sexo/género diversas, llamada el Polo de Rosa; y si bien el Partido Liberal previamente —e incluso el mismo partido conservador— tenía espacios similares, la novedad fue que el Polo Democrático fue quien nombró a las personas LGBTI en su junta directiva”.

“En ese mismo año, y en último lugar, Angélica Lozano fue elegida como alcaldesa de Chapinero y si bien este no es un cargo de elección popular, sino por nombramiento a partir de una terna presentada ante la Alcaldía Mayor de Bogotá, fue la primera persona –además mujer– del movimiento LGBTI en un cargo tan representativo y con alto nivel de visibilidad”.

Candidaturas LGTBI: avances en cifras

Sin duda, desde ese año el panorama ha mejorado en términos de ensanchamiento del espectro democrático. Cada vez son más las personas abiertamente LGBTI que participan en política. Para las elecciones del 2018, por ejemplo, participaron 16 personas en la contienda electoral al Congreso y para el presente año este número aumentó de manera significativa, contabilizando hasta la fecha 26 personas abiertamente LGBTI que aspiran al Congreso: 9 al Senado de la República y 16 a la Cámara de representantes. En cuanto a las elecciones territoriales, en 2016 Caribe Afirmativo conoció de 37 personas LGBTI que se candidatizaron a cargos de elección popular y en las elecciones del periodo siguiente 2019– ese número aumentó a 74 personas.

Teniendo en cuenta la información anterior, podemos afirmar que los procesos participativos han tenido un toque arcoíris que dialoga con la apertura de la sociedad y la institucionalidad hacia la agenda de la diversidad; sin embargo, esto no quiere decir que hayamos alcanzado la igualdad, por el contrario, nos invita, más bien, a seguir trabajando mancomunadamente por hacer de la equidad nuestro mantra de vida. Actualmente, existen 26 personas abiertamente LGBTI en cargos de elección popular de las últimas elecciones territoriales (2019) y 2 personas abiertamente LGBTI en el Congreso de la República; esperamos que, con el nuevo periodo electoral -elecciones 2022-2023- se pueda aumentar el número de personas abiertamente LGBTI en todas las corporaciones públicas del país.

Ni reinas, ni adornos

Ahora bien, más allá de los números y las cifras, la intención mayor de esta entrada es hacer visible la importancia de dejar ir esos prejuicios y estigmas que tenemos contra las personas cuyo modo de vida no encaja en los estándares sociales históricamente impuestos. Basta con preguntar por la calle sobre qué es lo primero que se nos viene a la cabeza con la sigla LGBTI, para tener que escuchar a muchas personas decir fiesta, carnaval, sexo, promiscuidad -en el mejor de los casos, porque otras tantas dirán VIH/sida, perdición o pecado-, a partir de lo cual se entiende que para la sociedad actual la participación muchas veces es reducida a espacios netamente construidos para las personas LGBTI: eventos culturales, decorativos y ornamentales.

Parecería, entonces, que ese escenario al cual nos han arrinconado se extrapola a nuestra humanidad; es decir que los cuerpos disidentes fuésemos instrumentos ornamentales para hacer más incluyentes sus eventos y acciones. Se nos lee como listados de asistencias, como fotografías, como meros adornos, como reinas de carnaval.

En este sentido, la participación de las personas LGBTI debe pensarse desde una perspectiva real y no ornamental: que podamos hacer parte del ejercicio de la toma de decisiones de los espacios institucionales y comunitarios, de las diferentes esferas de la sociedad, en interés de posicionar las experiencias de vida de las maricas. Porque mientras la participación política de las personas LGBTI siga siendo entendida como los mismos 4 pesos que se les dan a algunxs para hacer la marcha en junio cada año, la igualdad real está lejos de ser alcanzada. 

Para cerrar, y quisiera aclarar que esta entrada recoge mi propia experiencia y en ningún momento pretende recoger la perspectiva de otras maricas, me gustaría hacer una invitación a que dejemos de seguir ocupando los espacios que el mismo sistema creó para nosotras, al menos no de manera tan preponderante-. Debemos ocupar otros espacios con rebeldía política, esos espacios que no fueron concebidos para nosotras: las corporaciones públicas, los ministerios, las instancias internacionales… Mostrarle al mundo que las personas LGBTI somos personas y que, en esa calidad, somos capaces de construir sociedad, de construir comunidad, de hacer política y de lograr la igualdad. 

 

*Ces Badillo Gutiérrez (él/elle) es activista por los derechos de las personas LGBTI de 27 años, oriunde del municipio de Sabanagrande en el departamento del Atlántico. Persona con experiencia de vida trans no binaria, profesional en relaciones internacionales y cooperación internacional al desarrollo. Coordinadore del área de incidencia sociopolítica y derechos humanos en Caribe Afirmativo.

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